Mes: octubre 2015

Como Duele

DOLOROSA SANTIFICACIÓN

“No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Ex. 20:2).

(Dejamos a los hijos de Jacob en medio de una prueba que iba a permitir salir a relucir la gran obra que Dios había hecho en ellos).

Jacob había expresado sus sentimientos al dejar a su hijo Benjamín. Judá los cuenta “a aquel varón” en Egipto: “Tu siervo mi padre nos dijo: Vosotros sabéis que dos hijos me dio a luz mi mujer; y el uno salió de mi presencia, y pienso de cierto que fue despedazado, y hasta ahora no lo he visto. Y si tomáis también a éste de delante de mí, y le acontece algún desastre, haréis descender mis canas con dolor al Seol” (Gen. 44:27-29). Judá sigue explicando: “Sucederá cuando no vea al joven, morirá… Como tu siervo salió por fiador del joven con mi padre, diciendo: Si no te lo vuelvo a traer, entonces yo seré culpable ante mi padre para siempre; te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos. Porque ¿cómo volveré yo a mi padre sin el joven? No podré por no ver el mal que sobrevendrá a mi padre” (v. 31-34). Pero Dios no hizo que Jacob pasara por esta prueba. Él tuvo que dejar a Benjamín ir a Egipto, eso sí, pero no tuvo que pasar por la prueba de creer que no volvería a verle nunca más. La prueba fue para Judá, el que había salido fiador de su hermano. Y Judá la superó poniendo todo cuanto tenía, hasta su propia vida, en el altar de sacrificio a Dios.

Nuestra pruebas están ordenadas por Dios, seleccionadas con supremo cuidado, algunos son eliminados, y otros las tenemos que pasar, porque son necesarias para la purificación de nuestra fe, para que Dios sea único y total. Las cosas que nos ocurren no son casualidades, sino designadas expresamente para nuestro eterno bien, aunque en el presente son dolorosos en extremo. Detrás está el infinito amor y la sabiduría de Dios, como dijo José tan aptamente más adelante: “Dios me envió delante de vosotros, para reservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios” (45:7, 8). José había sido purificado en el fuego de la prueba: “Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos” (v. 15).

Jacob también ha pasado por la prueba. Ahora lo que le esperaba, ¡dentro de pocos días!, era emocionante bendición: “Por la noche dura el lloro, pero al amanecer viene la alegría” (Salmos 30:5 BTX).

 

Por D.Burt    DolorosaSantificación

Duele

DOLOROSA SANTIFICACIÓN

“No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Ex. 20:2).

Después de nuestra conversión en la que decidimos que Dios va a ser nuestro Dios, sigue el proceso de santificación en el cual todos los otros dioses tienen que ser quitados de nuestra vida para que Él sea el único, el centro de nuestra devoción, el motivo de nuestra existencia, único fuego que arde en el altar de nuestra corazón. Todo lo que compete para este lugar se tiene que ir.

Así pasó en la vida de Abraham. Tuvo que decidir entre Dios y “su único hijo a quien amaba”, a Isaac, y escogió a Dios al precio del sacrificio de su hijo.

Pasó lo mismo en la vida de Jacob, pero de otra manera. Amaba a Raquel con el alma. Dedicó muchos años de trabajo para conseguirla. Durante catorce años, ella era la única llama que ardía en su corazón. Su fe tuvo que ser purificada para que “sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual… se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cundo sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7). Después de pocos años de matrimonio, Dios se la llevó. Ella tuvo dos hijos. Estos llegaron a ser el sustituto de ella, primero José, y luego Benjamín. Jacob “adoraba” a José. Tanto fue así que provocó a celos a sus otros hijos. No por nada, las Escrituras dicen: “Padres, no provoques a ira a vuestros hijos” (Ef. 6:4). Pues, él los provocaba a ira, y ellos quitaron de en medio el rival para el cariño de su padre. Cuando Jacob supo que José ya no estaba: “rasgó sus vestidos, y puso cilicio sobre sus lomos, y guardó luto por su hijo muchos días. Y se levantaron todos sus hijos y todas sus hijas para consolarlo; mas él no quiso recibir consuelo; y dijo: Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol. Y lo lloró su padre” (Gen. 37:34, 35). Dios está purificando su fe. Estaba quitando de en medio a todos sus ídolos.

Quedaba Benjamín. Cuando Simeón quedó preso en Egipto, a Jacob no le afectó tanto, pero cuando tuvo que dejar ir a Benjamín a Egipto para buscar comida, no quiso. Cuando Judá le dijo: “Aquel varón nos dijo: No veréis mi rostro si no traéis a vuestro hermano con vosotros. Dijo entonces Israel: ¿Por qué me hicisteis tanto mal, declarando al varón que teníais otro hermano?” (Gen. 43:5, 6). Todavía Jacob resistía. Judá le dijo: “¡Si no nos hubiéramos detenido, ciertamente hubiéramos ya vuelto dos veces!” (v. 10). Dios puso a Jacob en la encrucijada de tener que dejarle ir o dejar que su familia muriese de hambre. Al final consintió: “Tomad también a vuestro hermano, y levantaos y volved a aquel varón, y el Dios Omnipotente os dé misericordia delante de aquel varón, os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín. Y si he de ser privado de mis hijos, séalo” (v. 13, 14). ¡Qué doloroso es el proceso de santificación! La palabra significa “apartado para Dios”, esto es, apartado del mundo, apartado de nuestros intereses y amores, para que Él sea el único.

Por D.Burt       SantidadDuele

B.O.A.

Miercoles Ayuno

…Intercesión que Dios ponga su santa coraza sobre cada hijo e hija desde el más pequeñito al más grande, que de mente renovada en su Palabra de Poder, ponga discernimiento espiritual, protegiendo la entrada y salida de cada uno, libre de participar, promover, tolerar, aceptar, inducir, permitir celebraciones, actos paganos e idolátricos; y dé poder para señalarlos a la luz escritural, dejando lo indiferente e inactivo tomando acción para que  sea oportunidad en traer liberación a las almas cautivas en tinieblas por el nombre de Jesús.

Alabanza hermosa

ALABANZA HERMOSA

“Alegraos, oh justos, en Jehová: en los íntegros es hermosa la alabanza” (Salmo 33:1).

Es un domingo por la mañana y estás sentado en la parte de atrás de tu iglesia mirando a los hermanos durante el tiempo de la alabanza. Conoces la historia de muchos de ellos. Sabes cómo van en su andar con el Señor, cosas que han hecho. ¡Pero no te pongas a juzgarlos! Esto solo nos amargaría el culto. El que realmente conoce el corazón de cada persona presente es el Señor, al cual están cantando estas alabanzas. Él tratará con ellos. Es asunto suyo. Tú, ora por ellos, y muéstrales tu alegría en el Señor (v. 1). Alaba al Señor en tú corazón. Sé tú una adoradora alegre del Señor. ¡Esto les ayudará más que tu censura!

La alabanza de los justos, de los íntegros, es hermosa en los oídos del Señor. Sube a su presencia como el incienso del altar del tabernáculo en el desierto. Ministra a su corazón. Entonces siente que el sacrificio que hizo no ha sido en vano, porque los redimidos están cantando sus alabanzas en reconocimiento de su obra de gracia. Sus corazones están agradecidos, y Dios lo encuentra hermoso.

Pero la alabanza de los “no íntegros” no le es hermosa. Éstos son los que no están viviendo una vida de justicia, sino una doble vida. Tienen un pie en la iglesia y otro en el mundo. Están en el culto, pero no fue del agrado de Dios lo que hicieron anoche, el sábado, ni la compañía que disfrutaron en el lugar donde estuvieron, ni su conversación, ni la actitud que tienen hacia sus hermanos. Hablan con desprecio de algunos. Los esquivan. Guardan rencor desde hace años. Si les pueden hacer un feo, lo hacen. ¡Y se sientan en la iglesia alabando a Dios, disfrutando de la música, como si nada! Este sonido sí que llega a Dios, pero no cómo ellos piensan: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, y címbalo que retiñe” (1 Cor. 13:1). La música que cantan llega a Dios como ruido estridente y desafinado; ofende su oído. Le es desagradable, porque falta la armonía entre la vida y el cántico que sale de la boca. En cuanto a mí, si les estoy juzgando, mejor que no cante. Mejor que me siente en el banco pidiendo que Dios cambie mi corazón, que ponga amor y humildad en él, y misericordia por los de mi iglesia. Y lo mismo es cierto de los que están viviendo en el mundo, pero asistiendo a la iglesia. Si hay falta de integridad o cualquier estorbo, mejor usar el tiempo de alabanza para reflexionar, para arrepentirnos, buscar a Dios, y tomar unas decisiones acertadas.

Pero si estamos viviendo una vida íntegra, con amor y misericordia hacia los hermanos, si nuestras alabanzas son sinceras y reflejan un amor auténtico para Dios, que sepamos que el Señor las recibe con agrado. Le son hermosas. Los ángeles escuchan, y aunque no entienden muchas cosas acerca de nuestra salvación, ven que el sacrificio de su Señor ha dado fruto, y están contentos. Disfrutan. Les gusta la música que ellos no pueden cantar, cánticos de redención. No somos perfectos, pero somos íntegros, y cantamos a Dios de un corazón enteramente suyo. Así que: “Alegros, oh justos, en Jehová; en los íntegros es hermosa la alabanza. Aclamad a Jehová con arpa; cantadle con salterio y decacordio. Cantadle cántico nuevo; hacedlo bien, tañendo con júbilo” (Salmo 33:1-3).

Por D.Burt     AlabanzadelosJustoseshermosa

Ser y hacer

SER Y HACER

“Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15).

Después de hablar acerca de nuestra grandísima salvación, el apóstol Pedro dice básicamente dos cosas: Sed santos (1: 16) y amaos unos a otros (1: 22). Lo que tenemos que ser es santos y lo que tenemos que hacer es amar. Estas son las dos consecuencias que todo creyente debe manifestar después de haber sido salvo: debe vivir una vida apartado de sus deseos carnales, lo que Pedro llama “los deseos que antes tenías estando en vuestra ignorancia” (1: 14), y debe amar entrañablemente a los demás creyentes. Un cristiano es un santo que ama.

Pedro explica las razones que debe motivarnos a vivir santamente:

1. Porque hemos sido salvos y Dios tiene una herencia maravillosa esperándonos en los cielos: “Bendito sea Dios que nos hozo renacer para una esperanza vida… para una herencia incorruptible…” (1: 3, 4).

2. Porque Dios es santo: “Sed santos, porque yo soy santo”. ¡Debemos parecernos a nuestro Padre!

3. Porque seremos juzgados: “Sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno” (1: 17).

4. Porque “fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir… con la sangre preciosa de Cristo” (1: 18, 19). Hemos sido comprados para ser de Él.

Siendo santos, amamos: “Habiendo purificado vuestras almas… amaos unos a otros entrañablemente” (1: 22). Lo que no debemos hacer es odiarnos, tramar mal contra el hermano, mentir los unos a los otros, ser hipócritas, tener envidias, y difamar a nuestros hermanos: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones…” (2:1). Desgraciadamente, todo esto se puede dar en la misma iglesia, si no, no lo diría el apóstol. ¡Se está dirigiendo a creyentes! Si estas cosas existen entre nosotros, ¡o si los encuentro en mi mismo corazón!, debemos, y debo, desecharlos. No lo va a hacer Dios; lo tengo que hacer yo.

Hemos nacido de nuevo por la Palabra de Dios, por lo tanto, debemos desearla para seguir creciendo: “Siendo renacidos… por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1: 23)… desead como niños recién nacido la leche espiritual… para que por ella crezcáis” (2:2). Todo esto es nuestra responsabilidad. Dios no va a agitar su varita mágica, ¡y zas!, ya amo a los hermanos y estudio su Palabra. Esto tengo que hacerlo yo. Es cuestión de ceñir los lomos de mi entendimiento, o sea, mentalizarme, que esta es la conducta que corresponde a un creyente como yo. Voy a ser santo, voy a amar a los hermanos, y voy a llenarme de la Palabra de Dios para crecer “para salvación”, es decir, para crecer en madurez, porque “he gustado la benignidad del Señor”. El Señor ha sido muy bueno para conmigo. Lo he experimentado. Se lo agradezco. Le amo, y, por lo tanto, pongo de mi parte para mostrarlo. Así es cómo se hace.

 

Por D.Burt     SeryHacer

Vencedora

UNA FE VENCEDORA

“¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:4).

¡En lugar de recibir ánimo de esta gloriosa afirmación del apóstol Juan, muchos se condenan! Piensan que su fe es muy pobre, que no es capaz de mover montañas, que no tienen la clase de fe aquí descrita, la que vence el mundo, sino una fe muy sencilla que no cualifica como fe vencedora. Pero se equivocan. Menosprecian el gran don que Dios les ha dado. La fe que Juan menciona aquí es la convicción de que Jesús nuestro Salvador es el Hijo de Dios. Esta realidad espiritual implica que Dios es nuestro Padre, y que en Cristo hemos nacido de Él: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (v. 1). Esta fe sencilla, pero profunda, es la victoria que ha vencido al mundo, porque lo peor que el mundo nos puede hacer es matarnos, cosa que está haciendo a muchos cristianos en muchos países del mundo hoy día. Como humanos que hemos nacido de Dios por nuestra fe en Jesús como el Hijo de Dios, esta muerte temporal no puede hacernos daño permanente, porque de la misma manera que el Padre ha levantado al Hijo de la muerte, también nos levantará a nosotros. Por creer en Jesús como el Hijo de Dios tenemos vida eterna. Esta es la fe que vence al mundo, porque el mundo no tiene ninguna arma que puede destruirnos. Ya somos vencedores.

Hermanos en la lid de Dios

Unidos avanzad:

Y en esta lucha con valor

Y gozo militad.

Los enemigos fuertes son

Y nos combatirán

Mas fe en Jesús victoria da

Y al mundo vencerá.

Coro: Fe es la victoria, fe es la victoria;

¡Gloriosa victoria que al mundo vence ya!

Bandera nuestra es su amor,

La espada es su verdad:

Seguimos con los del Señor

Que han triunfado ya.

Por fe lucharon contra el mal

Hollando a Satanás,

El mismo Dios nos sostendrá

Y el triunfo nos dará.

Aún nos rodean males mil

Las huestes del error.

Angustia, hambre y escasez

Peligro y tentación:

Mas con el yelmo de salud,

Y justos en vivir,

Ceñidos de fidelidad

Podremos resistir.

Ropaje blanco de alto honor.

El vencedor tendrá,

Que aun los ángeles de Dios

Su fe contemplarán.

Pues, ¡levantad el corazón

Soldados de la luz!

Victoria plena se hallará

En nombre de Jesús. (nº 480 H. E.)

 

Por D.Burt   Vencedora

B.O.A.

Miercoles Ayuno

…Intercediendo por todo siervo y sierva que batalla día a día con las fuerzas del poder de las tinieblas, instrumento en las manos de Dios para liberación de demonios y en general, para ministrar Palabra, que se encuentran en lugares de ámbientes maliados, atmósferas cargadas de espíritus malignos y sus influencias; que Dios obre en las vidas dando victoria y salvación.

Contagiosa

 FE CONTAGIOSA

> Durante demasiado tiempo en muchas iglesias evangélicas, una actitud patética
>
> y sentimental de falsa humildad, excusaba, justificaba y animaba a los
>
> cristianos a decir: “¡No me mires! ¡No mires al hombre, mira sólo a
>
> Dios!” Permíteme explicarme: Es correcto, sano y bíblico mantener nuestro
>
> enfoque, devoción y máxima confianza en Dios y sólo Dios. Los hombres serán
>
> siempre falibles e imperfectos, ya que pueden decepcionarnos y herirnos. El
>
> apóstol Pablo nos recuerda que tenemos los tesoros eternos y perfectos del
>
> Reino de Dios en vasos de barro, junto con la fragilidad y las imperfecciones
>
> humanas (Ver 2 Corintios 4:7).

> Sin embargo, el tiempo de ignorar y dar la espalda a nuestra responsabilidad y
>
> al llamado bíblico supremo de comunicar fe, amor, perdón, pureza, generosidad
>
> y un corazón apasionado por Dios y Su casa para con nuestros hijos y seres
>
> queridos, debe llegar a su fin. Sin arrogancia o pretensión, sino mas bien
>
> poseyendo un sentido espiritual interior y agudo de dependencia en Dios, el
>
> apóstol Pablo invitó apasionadamente a los creyentes jóvenes que lo
>
> rodeaban: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios
>
> 11:1). Pablo dijo más tarde a Timoteo: “Lo que has oído de mí…esto
>
> encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”
>
> (2 Timoteo 2:2).

> Tenemos que empezar a vernos a nosotros mismos de esta manera. Cuando nos damos
>
> cuenta y aceptamos el significado de nuestras vidas, de la inmensurable
>
> posibilidad de influencia que todos llevamos dentro de nosotros, un clamor se
>
> eleva desde la profundidad de nuestras almas hacia nuestro Dios: “¡Oh
>
> Señor, aumenta nuestra fe!” Querido lector, permíteme decírtelo de esta
>
> manera: ¡Cada uno de nosotros debe ser contagioso!

> Déjame hacerte esta pregunta: ¿Qué comunican tus valores, pasiones y
>
> prioridades a los que están observando tu caminar y tu hablar en tu vida
>
> cotidiana? Déjame preguntarte de forma directa: Si me junto contigo, aprendo
>
> de ti y te imito… ¿Que me “contagiarás”? Tú y yo sabemos que la fe, el
>
> amor, el gozo y la pasión de algunos hombres y mujeres son comunicativos.
>
> ¡Estar cerca de ellos nos hace bien, nos inspira, nos sana y nos reconcilia
>
> con la raza humana! Nos encanta estar cerca de ellos y damos gracias a Dios por
>
> su fe que produce esperanza y nos impulsa hacia nuevas alturas de anhelos,
>
> compromisos y posibilidades en Dios.

Por Claude Houde  FeContagiosa

Preparados para su Venida

PREPARADOS PARA SU VENIDA

“Persiste en lo que has aprendido” (2 Tim. 3:14).

Cómo prepararnos para la segunda venida del Señor según el apóstol Pablo:

Vamos a tomar el mismo material que hemos estado estudiando y mirarlo de otro ángulo para contestar a la pregunta que nos hemos planteado. Reconocemos demasiado bien la escena descrita. Es un retrato de nuestros días. Hay “hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tienen apariencia de espiritualidad” (3:2-5). Algunos de estos pretenden ser creyentes y van engañando a personas cargadas de pecados, arrastradas por sus deseos carnales, que siempre están aprendiendo, pero nunca llegan al conocimiento de la verdad. Los malos hombres y los engañadores van de mal en peor, engañando y siendo engañados (v. 13). Hay mucho pecado en la sociedad, falsedad en la religión, y milagros que engañan y confundan, al estilo de Janes y Jambres (v. 8). El final se acerca. Estos son los postreros días del versículo 1: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos”. El peligro es de ser tragado por el engaño, o comido por el mundo, o de apartarse por miedo de la persecución. ¿Qué tiene que hacer el creyente en estos días difíciles? ¡Lo que tiene que hacer es justamente lo que le prepara para la venida del Señor!

· Evitar a los falsos religiosos (v. 5).

· Seguir la doctrina de Pablo, imitar su conducta, tener el mismo propósito que tuvo él, y tener un carácter como el suyo (v. 10).

· Prepararse para persecuciones y padecimientos por amor al Señor Jesús (v. 11, 12).

· Persistir en lo que ha aprendido, y no cambiar de doctrina solo para estar de acuerdo con lo que se enseña hoy día (v. 14).

· Seguir estudiando las Escrituras para cambiar, madurar y estar preparado para toda buena obra (v. 15-17).

· Y con esta madurez estar llevando a cabo muchas buenas obras (v. 17).

El creyente así brillará como luz en medio de la oscuridad de una generación perversa y maligna. De esta manera estará listo y preparado para la venida de su Señor, y, si tarda en venir, él partirá para estar con Él, y estará enteramente preparado para rendirle cuentas en el día final. En cualquiera de los dos casos, estará preparado. ¡Ánimo y adelante!

 

Por D.Burt   Preparados

Tómala a pecho

UNA PALABRA FIEL PARA TOMARLA A PECHO

“Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, también viviremos con él; si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará. Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo” (2 Tim. 2:11-13).

Pablo, en medio de sus amonestaciones a su hijo en la fe, Timoteo, le habla acerca de la necesidad de sufrir por amor al evangelio. Le ha instado a predicar el evangelio, a no avergonzarse de dar testimonio del Señor. Las dos veces que mencionó el evangelio, siguió con el tema del coste personal: “…mi evangelio, en el cual sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor” (1:10-12 y 2:8, 9). Si Timoteo va a ser fiel al Señor, también sufrirá. Pero si quiere evitar el sufrimiento, negando al Señor, se condenará. Este es el contexto de nuestro versículo: “Si le negáremos, él también nos negará”. Es el temor a las terribles consecuencias eternas de negar al Señor que le mantiene fiel a la persona que está siendo torturado por él.

Algunas personas malinterpretan la última parte del versículo para no tener que preocuparse acerca de su estado espiritual. Piensan que quiere decir que él permanece fiel a nosotros aunque nosotros no somos fieles a él. En absoluto. El texto dice: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo”. Quiere decir que el Señor permanece fiel a sí mismo. No se puede negarse a sí mismo. No puede contradecirse. No puede negar lo que ya ha dicho: “Se fiel hasta la muere y yo te daré la corona de la vida” (Ap. 2:10). “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen os persigan, y digan todo clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegras, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5: 11, 12). Si le negamos al Señor, él nos negará delante del Padre. Le dirá al Padre que no nos conoce, y a nosotros nos dirá: “Apártate de mí; nunca te conocí”.

“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2:19). La salvación, sí, está segura. El Señor conoce a los suyos. Y los suyos se apartan de la iniquidad. Así es como los reconocemos, no por su profesión de fe, sino por sus vidas. Es una moneda de dos caras. Una tiene la inscripción: “Dios conoce a los suyos”, y la otra: “los suyos se han apartado de la iniquidad”. Esta es la evidencia visible que alguien es del Señor y que el Señor le conoce. Si profesa fe, y vive en el pecado, nunca ha conocido al Señor y el Señor no le conoce.

Aquí hay dos maneras de mostrar que alguien nunca ha conocido al Señor: una es si le niega, y la otra es si vive en iniquidad. La persona que conoce al Señor de verdad es fiel hasta la muerte y vive una vida de santidad. Se le puede identificar por su fidelidad y por su santidad. Podemos examinar la evidencia y tener una idea bastante clara en cuanto a quién es quién, pero en última instancia, solo el Señor sabe con absoluta certeza quiénes son los suyos. Mira a esta persona, le reconoce y dice: “Esta es mía”.

 

Por D.Burt     TómalaAPecho

Fórmate

FÓRMATE EN LA SANTIDAD

“Ejercítate para la piedad. Sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe, y pureza. Ocúpate en la lectura, la exhortación, y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello” (1 Tim. 4:7-16).

Estas son las instrucciones que el apóstol Pablo dio a su hijo en la fe, Timoteo. ¡Casi nada! La espiritualidad no cae del cielo sobre una persona. Se tiene que trabajar en ella. No es solo cuestión de asistir cultos y absorber el buen ambiente y disfrutar de los hermanos. Hay que poner un gran esfuerzo de nuestra parte para cultivar una vida auténtica de creyente. “Ejercitarse en la piedad” significa trabajar nuestra espiritualidad, forjar un carácter cristiano y unas costumbres que son propias del que profesa fe en Cristo. La piedad significa compasión, misericordia, caridad, conmiseración y lástima en cuanto a nuestros semejantes, y devoción en cuanto a Dios.

Esta frase en la Nueva Traducción Viviente es vertida: “Entrénate para la sumisión a Dios”. Nosotros también tenemos que ejercitarnos para la piedad. El Señor nos pide que nos esforcemos para ser un ejemplo de los creyentes en nuestra forma de hablar, en nuestra conducta, en el amor que mostremos para con todos, en la espiritualidad, en nuestra vida de fe y confianza en Dios, y en la pureza de nuestras acciones y relaciones con los demás. Con estas seis palabras entra todo, desde nuestra vida de oración hasta nuestra manera de tratar a los vecinos y nuestra conducta en el trabajo. La gente tiene que mirarnos y pensar: “Así vive un creyente en el Señor Jesucristo”, sin poder acusarnos de nada.

También Timoteo, como nosotros, tenía que dedicar tiempo a la lectura de la Palabra, y a enseñarla a otros y exhortarles. Exhortar es aplicar la Palabra, insistir en ella, señalar lo que está mal y animar a la gente a poner por obra la enseñanza bíblica. Además, Timoteo tenía que hacer servir el don que Dios le había dado. Aquí Pablo no dice cual es, pero Timoteo lo sabe, y tiene que hacerlo funcionar. Nosotros también tenemos que usar nuestros dones en el servicio del pueblo de Dios y no dejarlos sin aprovechar.

Otra cosa que Timoteo tenía que hacer era cuidar la doctrina. Pablo siempre estaba al tanto de la doctrina, enseguida corrigiendo doctrina falsa. La detectaba desde lejos, la denunciaba, corregía los errores de la gente y reprendía a los falsos maestros. Quiere que Timoteo haga lo mismo. La doctrina es muy importante. Hoy día no se insiste tanto en ella como en generaciones pasados, pero la Biblia no ha cambiado, y el Señor quiere que estemos pendientes de la doctrina, que conozcamos bien la doctrina sana y que insistamos en ella.

Pablo dice que haga todo esto “para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos”. Tenemos que crecer de manera tan obvia que todo el mundo se dé cuenta de los cambios en nosotros. Se tienen que fijar y decir: “Mira a Fulana de Tal. ¡Cómo ha cambiado! Casi no lo puedo creer. ¡Qué bueno! El Evangelio tiene que ser cierto”. O, si son creyentes, dirán: “¡Gloria a Dios! Es maravilloso ver su obra en ti”.

Por D.Burt  Fórmate

A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: