Escritura

El amor

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él… Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.

1 Juan 4:9, 16

La esencia de la fe cristiana

La belleza de un cielo estrellado, el esplendor de una puesta de sol, el fuerte silbido del viento en el bosque, el canto de los pájaros antes del amanecer, el ruido de las olas… Todas estas maravillas nos hablan de un Dios creador, sabio, todopoderoso y generoso. Pero la Biblia nos revela que el Dios creador también es un Dios de amor: “Dios es amor” (1 Juan 4:8).

¡Ahí está la esencia de la fe cristiana! El amor de Dios está en el origen de mi vida, y le da sentido. Para este amor no hay nada oculto; él llega a lo más profundo de mi corazón, ahí donde ningún otro puede comprenderme. Ese Dios de amor me tomó tal como era y perdonó todos mis pecados, pues éstos fueron expiados en la cruz por su Hijo, en mi lugar. Ahora me sostiene cada día con mis cargas, mis tristezas, mis aspiraciones… Él mismo dijo: “No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5). Sean vuestras costumbres sin avaricia,

contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré;

Para nosotros los creyentes, saber que Dios nos ama es el fundamento y el sentido de nuestra vida. Cuanto más “arraigados y cimentados en amor” (Efesios 3:17), para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados

y cimentados en amor,

estemos tanto más nuestra fe crecerá y estará activa, y seremos más libres. ¡Libres de lo que digan los demás, libres de la búsqueda febril de demostrar algo, libres del peso del día a día! Creer en el amor de Dios conduce a un feliz compromiso para hacer la voluntad de Dios, que es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). No os conforméis

a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de

vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena

voluntad de Dios, agradable y perfecta.

“Sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (Efesios 6:6).

 

Recibido de Hno. M.CaballeroElamordeDios

(De la buena semilla)

 

Categorías:Escritura, Reflexión

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