Mes: mayo 2015

El Espíritu…

EL ESPÍRITU DE JEZABEL

ElEspdeJezabel

> El espíritu de Jezabel aborrece a los profetas de Dios y las profecías
>
> divinas. “Acab dio a Jezabel la nueva de todo lo que Elías había hecho, y de
>
> cómo había matado a espada a todos los profetas. Entonces envió Jezabel a
>
> Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si
>
> mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos” (1
>
> Reyes 19:1-2).

> Los cristianos atados por la doctrina de Jezabel no tienen consideración
>
> alguna por los santos profetas de Dios. Se sientan fríamente, tal como lo hizo
>
> Jezabel, que estuvo inmóvil, mientras Acab observaba con detalles la milagrosa
>
> escena de autoridad sobrenatural en el Monte Carmelo. Pero a Jezabel no le
>
> impresionó. Todo lo que hizo fue endurecer más su determinación.

> Así también es ahora. Los maestros de la doctrina de Jezabel y aquéllos que,
>
> como Acab, son sus víctimas, no están abiertos a la convicción del Espíritu
>
> Santo o al mensaje de arrepentimiento y santidad. Ellos oyen y luego siguen su
>
> camino, más determinados que nunca en sus doctrinas. No hay temor de Dios
>
> delante de sus ojos.

> La señal más segura de un falso maestro y una doctrina de Jezabel es el
>
> apagar las advertencias proféticas y rechazar el oír acerca del juicio. Lo
>
> llaman negativismo y pesimismo. Se ríen, se burlan y lo ridiculizan. Jeremías
>
> dice que esos pastores son ciegos y mudos, y el Señor les dijo que obedecieran:
>
> “Y no oyeron ni inclinaron su oído; antes caminaron en sus propios consejos, en
>
> la dureza de su corazón malvado, y fueron hacia atrás y no hacia adelante”
>
> (Jeremías 7:24).

> Los que enseñan la doctrina de Jezabel dicen ser profetas, pero hay una prueba
>
> para profetas verdaderos y falsos. Los profetas de Jezabel profetas sólo
>
> profetizaban cosas buenas, sólo paz y prosperidad. “Y en los profetas de
>
> Jerusalén he visto torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras, y
>
> fortalecían las manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su
>
> maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra. Por
>
> tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He
>
> aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de
>
> los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra. Así ha
>
> dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que
>
> os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio
>
> corazón, no de la boca de Jehová. Dicen atrevidamente a los que me irritan:
>
> Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su
>
> corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros” (Jeremías 23:14-17).

> Los que tienen el espíritu de Jezabel no hacen tornar de la maldad a la gente.
>
> Hablan de sueños y actúan neciamente en el púlpito.

Por D. Wilkerson

¿Cómo vivía Jesús la vida de la fé?

¿CÓMO VIVÍA JESÚS LA VIDA DE FE?

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumidor de la fe… Considerad aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo…” (Heb. 12:2, 3).

Habiendo mencionado la fe de los santos del Antiguo Testamento en una lista impresionante de los héroes de la fe, ahora el autor enfoca nuestra atención en Jesús, el mayor ejemplo de la fe de todos los tiempos. “El justo por su fe vivirá” (Hab.2:4). Y el más justo, el que era totalmente justo, el Justo por excelencia, vivió por su fe. Jesús marcó por nosotros el patrón de la vida del creyente. Desde entonces la vida de fe es imitarle a él. Consiste en salir de Egipto, ser bautizado, superar las tentaciones del desierto, ser dirigido por la Palabra de Dios y cumplirla y, finalmente, entrar en la Tierra Prometida, tal como lo hizo él.

Toda la vida de Jesús fue una vida de fe en la Palabra de Dios. De su madre escuchó acerca de los eventos y profecías que acompañaron su nacimiento, pero él no escuchó la voz de Dios confirmando su identidad como Hijo hasta que fue bautizado en el Jordán. Inmediatamente, el Espíritu le llevó al desierto para ser tentado en cuanto a cómo iba a realizar su ministerio. ¿Cómo se iba a desarrollar el plan de Dios para su vida? Esta era la temática de las tentaciones. ¿Ganaría adeptos milagrosamente convirtiendo piedras en pan? Cuando dio de comer a la multitud la gente quería hacerle su rey, pero él ya había superado esta tentación en el desierto. No convertiría a la gente por hacer milagros, aunque los hacía, ni mucho menos por el camino de Satanás quien le prometió el reino si lo hiciese. No. Concluyó que tuvo que ser por el camino de la cruz.

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Estas son nuestras tentaciones también; hemos de rechazar caminos falsos y encontrar el que es la voluntad de Dios, por medio de nuestra meditación en la Palabra y la dirección del Espíritu Santo, tal como nos enseñó Jesús por su vida. Aquellos treinta años antes de empezar su ministerio público estaban dedicados a meditar en la Palabra de Dios, y comprender cómo se tenía que cumplir en su experiencia particular. Le vemos con doce años ya preguntando en el templo, estudiando las Escrituras y buscando respuestas. Iba “creciendo en sabiduría” (Lu. 2:52). Cuando se presentó en público para ser bautizado por Juan lo tenía claro: tenía que identificarse con el pecador, bautizándose, un camino que finalmente le encontraría llevando el pecado sobre sí mismo en la cruz. Allí su fe fue probado hasta el límite y por medio de ella permaneció fiel en la oscuridad del abandono del Padre, completó la obra, y ganó la victoria a favor de todos los que le seguirían en el camino de la fe que él marcó.

Por D. Burt

La oración de una madre

LA ORACIÓN DE UNA MADRE

LaOraciondeunaMadre

“Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias, y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos e Cristo Jesús” (Fil. 4:6, 7).

No creo que haya cosa más conmovedora delante del trono de Dios que una madre rogando al Señor por la salvación de su hijo. El amor por Dios y por su hijo convergen en un acto de fe y súplica delante de Aquel que escucha con corazón de Padre. ¿Puede quedar impasible delante de tal despliegue de emociones encontradas: amargura de alma, fe genuina, preocupación urgente, temor a Dios, y amor de madre? Imposible. “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?” (Lu. 18:7).

La hora nunca olvidaré

En que a mi madre oí decir:

“Jamás, ¡oh hijo!, dejaré

De suplicar a Dios por ti”.

Con tal ternura me miró,

Aún hoy su rostro puedo ver,

Según me dijo con fervor:

“De tu alma siempre busco el bien”.

El tiempo pasa tan veloz.

Mas suena aún en mi corazón

El eco de su dulce voz

Y de esta humilde oración:

“¡Señor! Escucha mi oración

Y de este hijo ten piedad,

Oh, dale pronto contrición,

Y sálvale por tu bondad”.

De cuánta pena causa fui

Por mi maldad y rebelión,

Los muchos años que seguí

Expuesta mi alma a perdición.

Feliz la hora en que por fin,

Ya humillado el corazón,

Al Salvador con fe acudí

En busca de mi salvación.

¡Cuán grato entonces recordar

La voz amada y oración

Con que solía implorar

Mi madre a Dios por mi perdón!

Y al terminar mi vida acá,

La encontraré en gloria y luz,

Y juntos hemos de entonar

“Loor a ti, Señor Jesús”.

F. H. Grey

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Por D. Burt

Como llama

Como llama de fuego quémame Espíritu Santo, satúrame

de tu unción lléname Señor, yo anhelo tu presencia hoy

como llama de fuego quema en mí todo lo que impide

y sea llenado por tu presencia, dame más de tí, lléname con tu santa unción

venga sobre mí como llama de fuego

haz de mí lo que tu quieras Espíritu Santo

pide más, su fuente es ílimitada

no te detengas, no te quedes postrado

si te empujaron con violencia

levántate en el nombre del Señor

solo tu nombre adoraré, en la prueba, en el dolor, en la enfermedad,

yo siempre te adoraré y tu me saturarás

como llama de fuego con tu Espíritu Santo

 

 

¿Calumnias?

NO CALUMNIADORAS

“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien” (Tito 2:3).

NoCalumniar

“Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo” (1 Tim. 3:11).

Este texto cae dentro de las calificaciones para mujeres de diáconos, o para diaconisas, según la interpretación que le damos, indicando en qué consiste la espiritualidad para todas las mujeres maduras en la fe. Otras traducciones ponen que no sean maliciosas en su manera de hablar. Esto quiere decir que no hablen para hacer daño a otros que no están presentes para defenderse. La calumnia es hablar para arruinar la reputación de alguien, normalmente diciendo mentiras, pero, si tenemos maldad en nuestro corazón, podemos incluso utilizar la verdad para hacerlo. No enteramos de unas cuantas cosas malas acerca de una persona que los demás no saben. Si hay perversidad o maldad en nuestro corazón, contamos estas cosas con la finalidad de que piensan mal de la otra. Esto no es digno de una creyente. Aunque sea verdad, si no es para edificación, no lo cuentes: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Ef. 4:29, 30).

Una de las cualidades que me acuerdo con cariño de mi madre es que odiaba el chismorreo. Nunca repetía nada malo de nadie, ni lo quería escuchar. Teníamos una persona cercana a la familia que siempre daba por hablar. Hacía cosas tan retorcidas, francamente malas y escandalosas que estaba en boca de todo el mundo, pero mi madre nunca permitía que hablásemos de ella. La excusaba, cortaba la conversación, o simplemente decía: “Perdónala”.

Cuando otras personas defraudaban a mi madre, no hablaba de ello. Su conversación siempre estuvo interesante, educativa y animosa, y esto, con pocas excepciones. Decía: “Si no tienes nada bueno que decir, no digas nada”.

Aunque sea cierta lo que contamos, una conversación acerca del mal comportamiento de otro es deprimente. Desanima. Resta fuerzas. Nos deja aturdidas, o enfadadas con esta persona, o con ganas de venganza. Vamos a dejar esta clase de conversación y acostumbrarnos a siempre hablar de lo que edifica, ¡y seremos más felices!

Oremos: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, roca mía, y redentor mío” (Salmo 19:14). Amén.

Recibido de Hno. M. Caballero

Retrato de una mujer creyente

RETRATO DE UNA MUJER CREYENTE

“Mujeres que profesan piedad… La mujer… se salvará, si permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia” (1 Tim. 2:10, 12, 15).

Pablo no da por sentado que todas las que profesan fe en Cristo son salvas. Espera la confirmación en su conducta. Si no siguen con una conducta cristiana, no hay ninguna garantía de que realmente son salvas. Todos conocemos a mujeres que han profesado fe, pero abandonan la iglesia y niegan al Señor. Éstas evidentemente no son salvas. Pero también las hay que continúan en la iglesia, pero no “permanecen en fe, amor, y santificación, con modestia”, o en corrección, decencia, sobriedad, sensatez, como otras versiones lo traducen. ¿Qué hacemos con estas mujeres? No encajen con la descripción de la mujer piadosa aquí dada. No se visten “de ropa decorosa, con pudor” (v. 9); no son dadas a “buenas obras” como corresponde (v. 10), sino malas que dan mala fama a la iglesia; “dominan sobre el hombre” (v.12), especialmente sobre sus maridos; no se sujetan a sus ancianos o pastores, y no muestran “amor” (v. 15) a los hermanos. No obstante, quieren orar en la iglesia, ostentar cargos, y participar en la vida social de la iglesia. No niegan lo básico de “la fe” (v. 15), pero descuidan la enseñanza que concretamente les ataña como mujeres, esposas, y madres. Son capaces de anular el ministerio de sus maridos.

¿Qué hacemos con ellas? ¿Aceptar que así son y que no van a cambiar? ¿Tratarlas con cordialidad, pero tener poco que ver con ellas? ¿Corregirlas y correr el riesgo de una explosión o una división de iglesia? ¿Qué haría el apóstol Pable si las tuviese en la congregación? Según este texto, no daría por sentado que son salvas (v. 15). No tenemos que imaginarnos lo que haría, porque vemos lo que hizo. Dejó a Timoteo en la iglesia para corregir lo deficiente (1 Tim. 1:3). Le escribió esta carta dándole instrucciones concretas acerca de cada sector de la iglesia y esperó que tomase la iniciativa, bajo la autoridad apostólica (1 Tim. 1.1; 1:11; 2:7) que había delegado en él, a poner orden en todas las esferas de la iglesia. El apóstol Pablo no era alguien que dejaba las cosas sin corregir para evitar conflictos.

¿Cómo, pues, tiene que ser la mujer que profesa fe? Este pasaje la describe. Es una mujer que se viste con dignidad, feminidad, no para llamar la atención a su cuerpo, sino para glorificar al Señor. Es discreta, decorosa y prudente. No es una nulidad, sino una mujer dada a buenas obras. Es muy querida por mucha gente. No domina sobre el hombre, sino que se sujeta a su marido y a sus ancianos y pastores. Atiende bien a sus hijos. No es de estas mujeres modernas que no quiere tener hijos porque serían un estorbo para su carrera, sino maternal. Mantiene una buena relación con Dios y ama a los hermanos. El amor le caracteriza. Y toda la vida va creciendo en santificación. Esta es la mujer que se salva: buena madre, esposa y miembro de la iglesia.

Por D. Burt                                            Retratodeunamujercreyt

Elegir pareja

COMO ELEGIR PAREJA SEGÚN LA BIBLIA

Por favor lea: Proverbios 31:10-31.

Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque

su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.

El corazón de su marido está en ella confiado, Y no carecerá de

ganancias. Le da ella bien y no mal Todos los días de su vida.

Busca lana y lino, Y con voluntad trabaja con sus manos. Es

como nave de mercader; Trae su pan de lejos. Se levanta aun                                                              ComoElegrParjaSeglaBiblia

de noche Y da comida a su familia Y ración a sus criadas.

Considera la heredad, y la compra, Y planta viña del fruto de

sus manos. Ciñe de fuerza sus lomos, Y esfuerza sus brazos.

Ve que van bien sus negocios; Su lámpara no se apaga de noche.

Aplica su mano al huso, Y sus manos a la rueca. Alarga su

mano al pobre, Y extiende sus manos al menesteroso. No

tiene temor de la nieve por su familia, Porque toda su familia

está vestida de ropas dobles. Ella se hace tapices; De lino

fino y púrpura es su vestido. Su marido es conocido en las

puertas, Cuando se sienta con los ancianos de la tierra. Hace

telas, y vende, Y da cintas al mercader. Fuerza y honor son su

vestidura; Y se ríe de lo por venir. Abre su boca con sabiduría,

Y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos

de su casa, Y no come el pan de balde. Se levantan sus h¼os

y la llaman bienaventurada; Y su marido también la alaba:

Muchas mujeres hicieron el bien; Mas tú sobrepasas a todas.

Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme

a Jehová, ésa será alabada. Dadle del fruto de sus manos, Y

alábenla en las puertas sus hechos.

Elegir una persona como pareja según tus creencias puede ser difícil. En las Religiones Cristiana y …Judía, es prudente elegir a tu pareja según los consejos Bíblicos a fin de asegurarte un compañero(a) que comparte tus valores. Aquí les dejo algunos pasos que quizás le puedan ayudar.
PASO 1. Deja de buscar pareja desesperadamente, en un intento desmesurado en buscar pareja puedes pasar por alto a la persona que Dios ha preparado para ti. Dice la Biblia “El hogar y la fortuna son herencia de los padres, pero una esposa prudente viene del Señor”. Él te mostrará la persona ideal en el momento preciso.
PASO 2. Confía en el instinto de tus Padres y de las Personas Mayores, si la gente que realmente quiere lo mejor para ti tiene sus reservas con respecto a alguien, sé cauto antes de elegir a esa persona. Debes evaluar el comportamiento y lo que les preocupa acerca de esa persona.
PASO 3. No elijas un NO CREYENTE como compañero(a). Corintios 26:14 dice: “No se unan ustedes en un mismo yugo con los que no creen.” Porque ¿Qué tienen en común la justicia y la injusticia? ¿O cómo puede la luz ser compañera de la oscuridad?.
PASO 4. No te fijes sólo en el atractivo físico, esto es lo primero que atrae al común de la gente, pero tu debes ser capaz de ir mas allá y ver su interior. La Biblia nos advierte que las personas bellas no siempre tienen altos valores y muchas veces son difíciles de llevar. Debes asegurarte que la persona con quien contraigas matrimonio sea bella también en su interior.
PASO 5. Observa su personalidad. Proverbios señala con claridad los rasgos de una esposa devota. Deberá ser piadosa, temer al Señor, sabia, honrar a su esposo, tener gracia y ser fiel. Proverbios también señala las características de un esposo devoto que son: ser compasivo, honesto, trabajador, sincero, mesurado, amable, sabio y capaz de admitir errores, humilde, conciliador, caritativo, capaz de guardar secretos, obediente al Señor, no celoso y finalmente, ver la vida en forma positiva.

Recibido de Hno. M. Caballero

Por medio …

thRAU0ZQM9CRECIENDO EN SANTIDAD POR MEDIO DEL MATRIMONIO

“Maridos, amad a vuestras mujeres… para santificarla… a fin de… que no tuviese ni mancha ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Ef. 5:25-27).

Esta es la finalidad de la relación amorosa entre el marido y su esposa, la santificación. Vamos a abundar un poco más en la aplicación de este tema. La pregunta es: ¿Cómo puede yo ser santificada en la relación que tengo con mi marido? ¿Qué pasa si él es mala persona? No importa cómo sea el matrimonio, en los propósitos de Dios es cultivo de santificación para que yo pueda ser más santa, más separada para Dios, y menos carnal.

Más como Cristo:

Vamos a poner en el peor de lo casos, que mi marido es un ogro. Por medio de cómo respondo a él, puedo crecer para ser cada vez más como Cristo. Es una buena escuela para cultivar la paciencia. Puedo llegar a ser humilde, controlada, estable y feliz, a pesar de todo lo que me rodea. ¡Tengo amplio campo para aprender a perdonar! Cristo es perdonador. Puedo aprender a orar e interceder por él. Puedo cambiar para ser cada vez más compasiva y llena de fe y esperanza, creyendo que Dios obra todo para bien y que su amor puede transformar aun a esta persona. Aprendo a amar a pesar de la persona, como Dios ama. Aprendo a quitar la viga de mi ojo para sacar la mota del suyo. Puedo ser respetuosa a pesar de cómo es él, no porque ha ganado mi respeto, sino por el lugar que ocupa, de la misma manera que, por ejemplo, respeto a un policía malo por la autoridad que se le ha concedido, no por su persona. En lugar de apoyarme en mi marido, aprendo a apoyarme en Dios y sacar mi autoestima de lo que Él piensa de mí y no de lo que mi marido me dice. Aprendo a defenderme correctamente y a respetarme a mí misma por la obra que ha hecho Cristo en mí, a estar segura y confiada como persona porque Dios está conmigo y me ama.

Menos como yo:

¿Cómo era yo en la carne cuando me casé con esta persona? Pues, ¡todo esto el Señor quiere cambiar y me ha puesto en este matrimonio para hacerlo! ¿Antes eres histérica? ¿Montaba dramones? ¿Lloraba de pena por mí misma? ¿Era negativa, criticona? Puede ser que fuera de armas tomar, mandona, controladora, manipuladora. El Señor quiere limar mis defectos, eliminarlos, y transformarme, ¡para que me asombre por la obra que ha hecho! Puede ser que creía que no era nada, que no valía, ¡y ahora tengo un marido que me lo confirma! Puede que el Señor quiera cambiar este chip y reformar mi manera de pensar para que piense conforme a lo que dice su Palabra. Si antes era independiente y hacía lo que me parecía, puedo aprender a ajustarme a mi marido y respetar su autoridad. ¡Menuda transformación! Todo esto el Señor pretende lograr por medio de mi matrimonio para que al final yo sea dulce, apacible y radiante en el amor de Dios, ¡preparada para mi Nuevo Marido!

 

Recibido de Hno. M. Caballero

Noticia de última hora

La Gloria Es De Dios y el gozo nuestro compartimos esta noticia de última hora contamos con Canal TV y Radio. Ahora podrás disfrutar desde donde te encuentres de la programación del Ministerio y la Iglesia El Taller Del Alfarero, todo en un mismo lugar. Te invitamos a ser parte diaria como audiencia para juntos participar del mover de Dios, su ministración y ser edificados. Comparte con otros el enlace para que también sean grandemente bendecidos.  Déjanos tu petición de oración, comentarios y sugerencias. No te lo puedes perder, te esperamos.  Nos bendiga el Señor, amén.

http://www.ministeriotv.com/channel/view/tv-152

                                                               JesusNuestroAlfarero

El origen de nuestra…

El origen de nuestra aflicción

Leer | ISAÍAS 45.5-10

Al pasar por tiempos de aflicción nos preguntamos por qué permite Dios que situaciones dolorosas vengan a nuestra vida. Eso no parece coincidir con su papel de Padre amoroso; y nos resulta difícil conciliar nuestro sufrimiento con su amor y su poder para evitarlas. Para entender lo que sucede, necesitamos considerar el posible origen de nuestra aflicción.

Un mundo caído: Cuando el pecado se introdujo en el mundo, el sufrimiento vino con él. Dios pudo habernos protegido de sus efectos dañinos convirtiéndonos en títeres incapaces de elegir el pecado, pero eso significaría también que seríamos incapaces de elegir amarlo.

Nuestras decisiones: A veces, nos metemos en problemas al tomar malas decisiones. Si el Señor interviniera y nos salvara de cada consecuencia negativa, nunca nos convertiríamos en creyentes maduros.

Los ataques de Satanás: El diablo es nuestro enemigo y por tanto pone trabas a cualquier cosa que el Señor quiera hacer en y por medio de los creyentes. Su propósito es destruir nuestra vida y nuestro testimonio, debilitándonos y haciéndonos inútiles para los propósitos de Dios.

La soberanía de Dios: En última instancia, el Señor tiene el control de toda aflicción. Negar su actividad contradice su poder y su soberanía sobre la creación.

Para poder aceptar que Dios permite —o incluso envía— las aflicciones, debemos verlas desde su perspectiva. ¿Tiene usted puesta su mirada en el dolor o en el Señor? Como creyentes, tenemos la seguridad de que Dios no permitirá que nos vengan aflicciones, a menos que sea con un buen propósito.

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El llamado a servir

El llamado a servir

Leer | GÁLATAS 5.13

 

El Señor Jesús mandó que nos sirvamos unos a otros, pero obedecer esta orden con humildad no resulta fácil. Sí, hay momentos en que nos gusta ayudar a los demás. Pero el servicio que implica sacrificio, especialmente a alguien que consideramos indigno, es mucho más difícil de realizar.

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¿Qué significa servir? Medite en el ejemplo de Cristo. Él renunció a todo para vivir entre nosotros, sometiéndose a la deshonra y a la fragilidad humana. Y amó incluso a quienes lo rechazaron. Piense en cómo se humilló a sí mismo al lavar los pies de los discípulos en la Pascua. Esta era una tarea baja y desagradable, y por eso se le asignaba a un esclavo, muy distante de lo que un rey debe hacer. Sabía incluso que estos hombres lo abandonarían pronto, pero Él les sirvió de todos modos.

Finalmente, Cristo dio su vida por nosotros (Ro 5.8). Servir a los demás era su estilo de vida, así que como seguidores suyos, debemos esforzarnos por ser como Él.

Por tanto, servir implica primero morir a nuestras actitudes y motivos egoístas. Solamente entonces podremos vivir para glorificar a Cristo. Jesús dijo que los mandamientos más grandes son amar a Dios con todo el corazón, y amar a los demás (Mt 22.37-39). Irónicamente, es solo cuando servimos humildemente a los demás, que experimentamos la plenitud de Dios en nuestras vidas.

Muchos tratan de alcanzar la felicidad esforzándose por ver realizados sus deseos. ¿Cuál es el resultado? Personas cansadas e insatisfechas. El verdadero contentamiento se tiene solo cuando caminamos muy cerca de Jesús y Él nos enseña dónde podemos humillarnos para ocuparnos de los demás.

Por Min En Contacto

La actitud de la madre piadosa

La actitud de la madre piadosa

Leer | FILIPENSES 2.1-11

Los hijos son un regalo del Señor (Sal 127.3-5). Como resultado, la maternidad es un gran privilegio, pero también es sinónimo de servicio. Cada día, la mujer está llamada a atender abnegadamente las necesidades de su familia. Ya sea atendiendo a un bebé a altas horas de la noche, dedicando tiempo y dinero en unos adolescentes poco agradecidos, o preparando comidas.Las madres están continuamente poniendo a otros antes que a sí mismas.

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A veces, este servicio puede ser agotador e incluso desalentador. Pero las madres pueden encontrar ánimo en Jesús. Juan 13.3-16 nos da un excelente ejemplo de servicio: al arrodillarse para lavar los pies de sus discípulos, el Señor mostró que la clave del liderazgo auténtico es la humildad. Y es la humildad lo que lleva a la recompensa eterna.

A menos que una madre esté dispuesta a doblegarse y hacer sacrificios, perderá las verdaderas riquezas de la maternidad. Al morir a sus propios deseos y volcar su vida en otras personas, se vuelve como Cristo y crea un legado que pasará de generación en generación. ¿Qué mayor bendición podría desear una madre? Por supuesto, la motivación para servir a los demás no debe ser el obtener algún beneficio; sin embargo, cuando las madres obedecen el plan de Dios para sus vidas, eso es lo que sucede.

Al darles hijos, Dios coloca a las mujeres en una posición privilegiada de liderazgo y servicio. Las llama a renunciar a sus vidas por el bien de otros —a abandonar sus propios deseos y a poner los intereses de sus hijos primero.

Por Min. En Contacto

La mujer modesta y su salvación

MODESTIA Y SALVACIÓN (2)

“Pero la mujer se salvará engendrando hijos si permanece en fe, amor y santificación, con modestia” (1 Tim. 2:15).

Este pasaje en su contexto no es difícil de comprender. Solo cuando la aislamos y la miramos fuera de su contexto trae confusión y polémica. La salvación es una cosa integral. Afecta toda nuestra manera de vivir. Cuando alguien recibe el Espíritu Santo, él transforma la vida. Produce frutos y, entre ellos, están el amor, la paciencia y la fe. Nuestro texto dice que la persona que profesa fe es salva, si continúa en esta fe. Para este efecto entran dos frutos del Espíritu Santo, a saber, la paciencia y el amor. La paciencia es la perseverancia, la continuidad y la persistencia en lo que uno ha profesado La fe verdadera permanece. Y el amor se evidencia en nuestro trato a otros. Vamos por partes.

¿Qué tiene que ver la modestia con la salvación? Seguimos con el tema de ayer. La modestia y el decoro y toda la forma de vestir de una mujer dan a conocer cómo es ella. Nos revelan si su fe es real o no. El apóstol dice: “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad” (1 Tim. 2:9, 10). La moda actual no es modesta. Promociona ropa ceñida, escotes, transparencias, minifaldas, y toda clase de ropa diseñada para seducir. Puede que la mujer no tenga la intención de seducir, sino de seguir la moda, pero, aunque no se da cuenta, si sigue la moda, seduce. Solo tienes que preguntar a un hombre qué siente cuando ve a una mujer atractiva vestida así, y en qué está pensando cuando, luciendo un bonito escote, se agacha revelándolo todo. Ella puede contestar que es problema del hombre, que no debe estar mirando, pero esta respuesta demuestra que no entiende cómo funciona la mente masculina, que no quiere proteger a sus hermanos en Cristo, que no le importa si un hombre de la calle la desnuda en su imaginación, y que está terca y no quiere obedecer las instrucciones claras de Dios escritas en su palabra. Es una mujer que va a hacer lo que quiere y le da igual si lleva a otros a pecar. Está buscando tentaciones para sí misma y se sorprende cuando un hombre se las proporciona. Si tiene novio, es muy fácil que caen en la fornicación. Si está casada está invitando al adulterio.ModestiaySantifcnenlaMujr

¿Es cristiana esta mujer? ¿Qué dice nuestro texto? La que se salva “permanece en fe, amor y santificación, con modestia” (1 Tim. 2:15). El amor significa que protege a su hermano, sus hijos, su matrimonio. Le importa si su manera de vestir causa problemas a sus hermanos y está dispuesta a modificar su vestuario por amor a ellos. El amor a Dios significa que obedece su Palabra, aun cuando no comprende bien, bien el por qué de la normas bíblicas.

Recibido de Hno. M. Caballero

Maternidad y …

MATERNIDAD Y SANTIFICACIÓN

“Y creó Dios al hombre… varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo; Fructificad y multiplicaos” (Gen. 1:26, 27).

Al principio la bendición de Dios estaba sobre la pareja al multiplicarse, tener hijos y señorear sobre la tierra. En la Caída, estás dos cosas sufrieron la maldición: “A la mujer dijo; Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces” y al hombre: “Maldita será la tierra. Espinos y cardos te producirá” (ver Gen 3:16-19). Ahora, en Cristo, Dios convirtió la maldición en bendición. Aunque todavía es muy difícil tener hijos y someter la tierra, estas cosas llegan a ser el camino de santificación para el hombre y la mujer. En cuanto a la mujer dice: “Se salvará engendrando hijos” (1 Tim. 2:15). Esta frase ha sido traducido de varias maneras: “Se realizará como mujer”, “será preservada”, “será guardada”. Es decir, será guardada en el camino de la fe.

Tener hijos es un deseo natural y muy profundo en el mismo centro de la mujer, a no ser que el pecado haya llegado hasta allí distorsionando lo natural y convirtiéndolo en algo despreciable. En este caso, su santificación pasará por allí. Dios obrará sanidad en ella. Será un proceso duro y complicado, pero el Espíritu de Dios en combinación con la sangre de Cristo llegará a esta parte de la mujer, transformándola. La sangre limpiará del pecado cometido contra ella o cometido por ella que la distorsionó, y el Espíritu de Dios dará nueva forma a esta parte de su vida: la llenará con la información de la Palabra de Dios y el poder para cambiar inherente en ella. De esta manera mujeres dañadas, mal enseñadas y abusadas, llegarán a desear ser madres.

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El camino de santificación de la mujer tiene mucho que ver con tener hijos, o también con no tenerlos porque no les ha sido posible. Es una área tan central en ella que necesariamente entra en este proceso de santificación. En el caso de la mujer que desea, pero no puede, al hablar de esta cuestión con Dios, al dialogar con él, al derramar lágrimas delante de él, al buscar su voluntad, al ejercitar fe en lo que él permite o no permite en su vida, al estudiar la Palabra en torno a este asunto, y al luchar para comprender y aceptar su voluntad, ella se santifica en lo más profundo de su feminidad. Dios está tocando la esencia de su ser, el motivo por el cual fue creada, para hacer su voluntad en comunión con él. En este proceso ella llega a conocer a Dios profundamente, y es transformada mucho más a la imagen de aquel Cristo que no tuvo hijos, pero murió para llevar a muchos hijos a la gloria, el mismo centro del motivo de su vida como hombre. Y la mujer, como él, es transformada en el proceso.

Recibido de Hno. M. Caraballo

Derrama tu alma

 

Gloria a tí Amado Dios

eres el motivo de mi adoración Jesús

eres Santo, eres  fuente de mi adoración Jesús

no me motivan otras cosas adorarte

con todo mi ser te adoro

eres tú, solo tú muy Amado Jesús

bello, digno, merecedor de toda exaltación

Tu eres el motivo y la fuente de mi adoración

por eso quiero hoy, mañana y siempre

Derramar mi alma, derramar mi corazón

por que cuando yo te adoro ahí desciende tu unción

Te adoro motivo y fuente de mi adoración

 

La maternidad y la salvación

LA MATERNIDAD Y LA SALVACIÓN

“La mujer, siendo engañado, incurrió en transgresión, pero se salvará engendrando hijos, si permanece en fe, amor y santificación, con modestia” (1 Tim. 2:14, 15).

¿Dónde está la esfera de santificación de la mujer? En la maternidad, en condiciones normales donde esta es posible. Su lugar es bajo la benigna protección y el liderazgo amoroso de su marido, atendiendo a los hijos que Dios ha tenido a bien concederlos. Al hacerlo, ella crece en santidad. Aprende a sacrificar su tiempo, su energía, su ocio y sus deseos personales para el bien de sus hijos. A diferencia de Eva, no asume el liderazgo de la pareja, sino que acepta el papel designado por Dios desde siempre, el papel por el cual fue creada y el que realmente le hace feliz y le hace sentirse realizada.

Nuestro texto dice que la mujer se “salva” teniendo hijos, no en el sentido de la justificación, sino en el de santificación. Se dedica y se sacrifica por sus hijos. Esto ha sido lo normal en la historia del mundo hasta hace muy LaMaternddylasalvcnpoco. Ahora la maternidad es despreciada, y muchas veces sacrificada por la carrera. Aunque la mujer tenga éxito en su carrera, lo que realmente le va a llenar es ser madre. El hogar es donde ella crece espiritualmente. Su marido, en cambio, va a crecer en santidad en su campo de trabajo fuera del hogar. Cada uno tiene su esfera, y cada uno prospera y florece en ella. La mujer que no se casa o no puede tener hijos será igualmente bendecida en el ministerio que tenga Dios para ella. Ella crecerá en santificación al asumir las responsabilidades que Dios le da.

En los tiempos en que vivimos es necesario añadir varias notas adicionales. Hay matrimonios que no quieren tener hijos. Se lo plantean como si fuese una opción igualmente correcta a la paternidad. No lo es. Nunca lo ha sido. Tampoco lo es vivir juntos sin casarse: “Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla, pero a los fornicaros y a los adulterios los juzgará Dios” (Heb. 13:4). Así que vivir juntos no es una opción; no tener hijos, pudiendo tenerlos, tampoco lo es, y, en los días en que vivimos también hace falta constar que el aborto nunca es una opción, no importa cuáles sean las circunstancias. La mujer se salva teniendo hijos, no abortándolos. Si el embarazo es indeseado, el ser vivo que está dentro pertenece a Dios y la matriz es su lugar de protección hasta que Dios le trae al mundo. La mujer que sigue adelante con el embarazo con fe en Dios a pesar de malos pronósticos médicos, tendrá la aprobación, la bendición y la gracia de Dios a su disposición para ayudarla en todos las dificultades que se presentan, y ella crecerá en santificación, fe y amor al afrontar todas las circunstancias con confianza en Dios. Está mujer saldrá muy santificada, y glorificará a Dios como madre.

Recibido por Hno. M. Caballero

Modestia y salvación …

MODESTIA Y SALVACIÓN

“Asimismo, que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia… Se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación con modestia” (1 Tim. 2:9, 15).

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En este breve pasaje sobre la mujer, el apóstol Pablo menciona la modestia dos veces, ¡y dice que sin ella no se salvará! La modestia acompaña la fe, el amor y la santidad, “sin la cual nadie verá al Señor” (Heb. 12:14). Muchos tienen la salvación por un obra de gracia en la cual todo lo que se espera del candidato es que “acepte a Cristo como su Salvador”. No encontramos esta enseñanza en las Escrituras, sino algo mucho más profundo y comprometedor.

La persona que profesa fe manifiesta que realmente conoce al Señor porque “permanece en fe”, persevera, guardado por el Espíritu Santo, y ama al prójimo. No le provoca a pecar por su falta de modestia. Si no permanece en la fe, en el amor y la santificación no se salva. No pierde la salvación sino que evidencia por su vida que nunca ha recibido el Espíritu Santo, el Espíritu de santidad. La evidencia que ha sido salvo es que ama a Dios y a los demás.

La modestia tiene mucho que ver con el estado interior de la mujer, con su obediencia a Dios y con el uso que hace de su feminidad. ¿Qué hace con su cuerpo? ¿Lo tiene como el templo de Espíritu Santo? ¿Engendra hijos o seduce? La seducción es solo un paso de la fornicación y el adulterio. Aunque la mujer no se da cuenta de lo que está haciendo y piensa que solo está luciendo su cuerpo bonito, en realidad está incitando al hombre a pecar, o bien con su imaginación o bien de hecho, y ella se encuentra culpable delante de Dios.

En este breve pasaje están contrastadas dos clases de mujer, la madre y la seductora. La que es madre usa su cuerpo para tener hijos y ésta se salva. Una madre que va seduciendo a los hombres, ni es esposa leal, ni ama a sus hijos, ni conoce a Dios. Por amor a sus hijos, la mujer de Dios se guarda de los demás hombres. La creyente que es soltera guarda su cuerpo para el matrimonio. No lo usa para hacer pecar a otros, sino para servir a Dios en santidad. Se ve que esta mujer es salva.

Recibido de Hno. M. Caballero

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