Mes: marzo 2015

Una mujer despreciada

UNA MUJER DESPRECIADA COLOCANDO SU ARMADURA

Mujerdesprcda
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Ef. 6:13).
Aquí tenemos a una mujer maltratada verbalmente por su marido. No trabaja. Pasa el día en casa con los hijos. No se arregla. Se ha engordado. Está convencida que es tonta, fea y no vale nada, ¡pero ahora va a empezar su día de una manera nueva!, con la protección de Dios, orando en torno a Ef. 6:10-17.
“Padre amado, hoy voy a fortalecerme en el Señor (v. 10), como dice tu Palabra. Me voy a vestir de toda la armadura de Dios (v. 11). Así vestida seré fuerte y podré evitar todas las embestidas del maligno por medio de mi marido. No seré derrotada, ni tumbada, ni aplastada, ni entristecida, ni abatida, sino firme en ti, pues tu palabra dice que tomando toda la armadura de Dios podré resistir en el día malo (v. 13). ¡Gracias! Lo creo. Voy a poder resistir. Reconozco que el enemigo real no es mi marido, sino los principados, potestades, y gobernadores de las tinieblas. Mi marido es solo un instrumento en sus manos. Yo no soy nadie para luchar contra fuerzas espirituales, pero con mi armadura puesta, no podrán contra mí.
Así que “ciño mi lomos con la verdad ” (v. 14). La verdad es lo que tú dices en tu Palabra. “Tu palabra es verdad”, no las ideas que tengo en la cabeza por el menosprecio que he sufrido. Rechazo la voz que me dice que no valgo nada, que soy fea y tonta, y creo tu Palabra que “todo lo puedo en Cristo quien me fortalece” (Fi. 4:13) y que “en tus ojos soy de gran estimo, honorable, y que me amas” (Is. 43:4). Ahora me visto con la coraza de justicia (v. 14). Soy justa en tus ojos, buena y limpia, sin mancha del pecado, porque Cristo me ha limpiado y justificado. No soy culpable, sino perdonada y pura ante ti. Nadie me puede acusar de nada, porque tú has hecho desaparecer mi pecado del pasado.
Me pongo el calzado del evangelio de la paz (v. 15). Tengo paz contigo. Tú estás de mi parte, no en contra de mí por mi pasado, sino conmigo. Creo el mensaje del evangelio que la sangre de Cristo me limpia de todo pecado (1 Jn. 1: 9), y con esta sangre justificándome, no hay acusación del maligno que valga (Ap. 12: 11). Tomo el escudo de la fe (v. 16). Con él ningún insulto me va a penetrar. Creo que tú me escogiste antes de la fundación del mundo para presentarme perfecta en Cristo cuando él venga para buscarme. En aquel día no será avergonzado de mí, sino orgulloso, como el Novio de la Novia. Esto es maravilloso. Con tu obra en mí estoy cada vez más preparada para aquel Día que tanto anhelo. Me pongo el yelmo de la salvación (v. 17). Soy eternamente salva. Nada me puede separar de ti. Soy tuya comprada con sangre para amarte para siempre. Y tomo la espada del Espíritu (v. 17), tu bendita Palabra. Voy a creer todas sus promesas en cuanto a quien soy en Cristo, cómo me amas, que soy útil en tus manos, y que tienes un perfecto plan para mi vida. Soy hechura tuya, tu nueva creación en Cristo para hacer las buenas obras que has preparado para mí (Ef. 2:10). Con tu ayuda las voy a hacer y ¡estarás orgulloso de mí! Gracias, Padre. Así vestida y armada voy a ser más que vencedora en el día de hoy. Amén.”
Por D. Burt

Humildad

La excelencia de la humildad????????

Leer | 1 PEDRO 5.5-7

La vida de Jesús fue un ejemplo de humildad. Él no hizo valer sus derechos divinos en la Tierra, sino que dejó atrás la gloria y la autoridad que le pertenecían. Se revistió de humanidad para ser un siervo obediente a su Padre celestial (Fil 2.5-8).

El ejemplo de nuestro Salvador fue y sigue siendo contracultural. Este mundo no aprecia una actitud o un estilo de vida de humildad; por el contrario, aplaude los grandes éxitos, la belleza exterior, las posiciones elevadas y las habilidades excepcionales. Pero Dios nos asegura que si elegimos la mansedumbre, es decir, una vida de sumisión a Jesús como el Señor de nuestras vidas, Él nos recompensará tanto en esta vida como en la venidera (Mt 5.5).

En los versículos de hoy, Pedro habla de las alternativas que tenemos. Está la promesa de bendiciones espirituales si elegimos el camino de Dios para la humildad. Pero si le damos la espalda a este camino, tendremos la oposición del Señor porque estaremos obrando arrogantemente. Mientras que al rendirnos humildemente a su autoridad, con el deseo de obedecerle, Él será nuestra fuente de fortaleza y confianza.

Hay algo más que considerar: ya que, a veces, aceptamos la importancia que da la sociedad a la gratificación instantánea, tendemos a querer el reconocimiento ahora mismo. Pero Dios nos honra de acuerdo con su manera y su tiempo perfectos.

La decisión es suya: ¿Se humillará y vivirá para la gloria de Dios, en vez de la suya? ¿O trazará su propio camino y decidirá oponerse arrogantemente a Dios? Si usted es sabio, la decisión no le resultará difícil. Pídale a Dios que le indique cualquier aspecto de su vida que esté guiada por el orgullo.

Por Min En Contacto

 

La Promesa

 LA PROMESA DEL PADRE

> Los capítulos 1 al 6 del libro de Hechos describen una de las más gloriosas
>
> obras de Dios en la historia. Es una secuencia increíble de eventos llenos de
>
> acción: poderosa predicación, conversiones masivas, sanidades milagrosas.
>
> Todo era el cumplimiento de una promesa divina anunciada por Jesús.

> Antes de Su resurrección, Cristo instruyó a los discípulos a que esperaran
>
> en Jerusalén para recibir la “promesa del Padre”. “He aquí, yo enviaré
>
> la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de
>
> Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.” (Lucas
>
> 24:49)CumpDLaPromesa

> Esa promesa comenzó su cumplimiento en el día de Pentecostés, la fiesta de
>
> las “primicias” de Israel. El mundo estaba a punto de ver los primeros
>
> frutos de la obra de Cristo en la cruz por nosotros.

> Los discípulos no podían haber imaginado lo que Dios tenía en mente para
>
> ellos. Probablemente pensaron, “¡Excelente! Esta promesa significa que Dios
>
> está a punto de restaurar a Israel. Él nos liberará de los grilletes de la
>
> esclavitud romana por siempre y seremos su pueblo de nuevo.”

> Hoy día creo que quizás la Iglesia tendría una reacción similar si
>
> escuchamos la misma promesa de Jesús. Podríamos pensar: “Cuando venga la
>
> promesa de Dios, nuestras iglesias se llenarán a reventar. El Espíritu Santo
>
> se moverá en otras ciudades y la gente viajará de todas partes sólo para
>
> experimentarlo. ¡Seremos bendecidos como nunca antes!”
> Debemos desear que el Espíritu Santo llene nuestros santuarios, para llevar
>
> alegría y consuelo al pueblo de Dios. Pero cuando llegue la gloria de Dios, no
>
> será solamente para nuestro beneficio. Jesús no dijo: “Cuando recibáis poder
>
> de lo alto, me seréis feligreses, estudiantes de la Biblia, asistentes a las
>
> reuniones de oración.” Él dijo: “Me seréis testigos hasta lo último de
>
> la tierra.”

> El poder de Dios está destinado a ir más allá de los muros de la iglesia
>
> hasta alcanzar los lugares más lejanos del mundo. Eso es lo que vemos
>
> desarrollarse en el libro de los Hechos. Cuando Pedro se levantó para predicar
>
> a la multitud que se había reunido, tres mil fueron salvos. Más tarde, cuando
>
> Pedro y Juan testificaban por todo Jerusalén, los seguían señales y
>
> prodigios en liberaciones y sanidades milagrosas.

> ¡Pero eso fue sólo el principio! Si la obra del Espíritu se hubiese detenido
>
> en Hechos 6, todo el poder de Dios habría permanecido en manos de los doce
>
> apóstoles. En vez de eso, un cambio tectónico tuvo lugar. Dios dijo: “Mi
>
> Espíritu ya no se moverá a través de sólo unos pocos escogidos. Voy a darle
>
> poder a cada hombre, mujer y niño que lo pida en Mi nombre”.

Por Gary Wilkerson

El Compromiso de …

El compromiso de obedecer

Leer | Daniel 1.9-21

25 de marzo de 2015

Hace algunos años, me comprometí a obedecer al Señor sin importar el costo. Como todo el mundo, he cometido errores, pero mi determinación de obedecer a Cristo nunca ha cambiado.

Todos enfrentaremos momentos en los que habrá un conflicto entre las cosas de Dios, y las que otros pedirán de nosotros. Tal vez el jefe nos diga que demos una información falsa a los clientes en cuanto a un producto de la compañía. O un amigo pueda presionarnos para que participemos con él en algo incorrecto. O algún miembro de la familia pueda pedirnos que mintamos para protegerle. Negarnos a esas cosas puede ocasionarnos alguna pérdida, el rechazo o incluso el fin de una relación. Pero, por el otro lado, aceptarlas puede dañar nuestro testimonio.

Daniel experimentó ese dilema. Él y sus tres amigos tenían la opción de comer lo prohibido para no enfrentar la ira del rey, la prisión o incluso la muerte. Sin embargo, Daniel demostró gran valentía cuando propuso un plan diferente (Dn 1.12). Sus palabras y sus acciones demostraron su fidelidad al Señor.

El Señor premió a Daniel y sus amigos por su fe y su compromiso (v. 17). A pesar de sus circunstancias adversas, los cuatro hombres tuvieron confianza en la soberana protección del Señor.

La decisión de Daniel dio como resultado el favor del rey. La obediencia del Señor Jesús lo llevó a la cruz y a la glorificación. La confianza de Pablo en Cristo redundó en dificultades. Cuando obedecemos, las consecuencias pueden variar, pero hay algo que nunca cambia: la obediencia glorifica a nuestro Padre celestial, y eso le agrada.

Min. En Contacto

CompromisoaDiosenobediencia

Con violencia

Si te han empujado con violencia

y en el camino tropezastes

no te quedes postrado y adora

aun cuando las cargas aumenten que tambien aumente tu fe

no te detengas, adora Su nombre

en la prueba Adorale, en el dolor Adorale

Pues El siempre es Fiel

por eso hoy y siempre Adorale

en El poder de su fuerza te levantará

para su Gloria demostrar

y así otros también le adoraran

Otra manera de …

OTRA MANERA DE ORDENAR LA ORACIÓNOrdndolaOracion

”Aconteció que estaba Jesús orando e un lugar, y cuando terminó, uno de sus Discípulos le dijo; Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1).
Un pastor, preocupado por la vida de oración de su congregación, escribió un libro para orientarles en su tiempo devocional. Reproducimos aquí sus seis puntos, un enfoque de la oración que ha sido de ayuda práctica para muchos.
1. Ponerte en actitud reverente delante de Dios. Estate quieto, sin pensar en todo lo que tienes que hacer hoy, sin prisa, apartado de otras personas, y espera en silencio un encuentro con Él.
2. Da gracias a Dios. Expresa gratitud por las bendiciones materiales, y espiritual que tienes: la salud, la comida, la creación, la Iglesia, etc.
3. Adorarle. Puedes leer un Salmo de adoración, cantar himnos o cánticos de alabanza, o leer una porción de las Escrituras que refleja la gloria de su Persona. Meditar en uno de los centenares de nombres de Dios que revelan su carácter.
4. Confesar tu pecado. Incluye palabras dichas fuera de lugar, actitudes incorrectas, preocupaciones que indican falta de fe, deseos carnales, dudas, temores, amargura, odio, mandamientos de Dios que hemos roto, falta de hambre espiritual, desobediencia, malas relaciones con otros, impaciencia, quejas, mundanalidad, egoísmo…
5. Revístate de tu armadura o protección contra la carne, el mundo y el diablo. Acepta el perdón de Dios, considérate perfecto en Cristo, como Dios te ve, aceptado, limpio, escogido, equipado por el Espíritu Santo con dones espirituales para realizar una misión importante en este mundo, y heredero de la vida eterna.
6. Echar sobre Él tus preocupaciones por los miembros de tu familia, uno por uno, por tus finanzas, nombrando cosas especificas, por tus frustraciones con familiares, contigo mismo, con la vida, con tu trabajo. Echa tus temores sobre el Señor, ansiedades para el día de mañana. Echa tus fracasos, tus luchas, tus debilidades sobre Él. Reclama sus promesas.
Ahora estás en condiciones para interceder por otros. Tienes una perspectiva correcta de Dios y estás confiando en Él para tus necesidades. Estás libre de ti mismo para enfocar tu atención en otros y orar con fe y confianza en Dios por ellos.
Por D. Burt

¿Qué sucedió con usted?

Diga qué sucedió con usted

Leer | MATEO 10.32, 33

La vida a menudo exige pruebas. A veces, parece que no importa lo que digamos, la gente simplemente no nos creerá, a menos que podamos aportar una demostración definitiva. Eso puede ser algo bueno cuando lo que usted está diciendo es la noticia más importante del mundo, y tiene la evidencia para respaldarla.

La noticia de la que estoy hablando es el evangelio de Jesucristo que nos salva. Y la prueba es su propio testimonio personal.TestificaACristo

Cada creyente tiene una historia irrefutable de cómo fue salvo por Cristo de sus pecados. Es desalentador cuando la gente resta importancia a su historia al considerarla aburrida o “común”. ¿Cómo puede ser común esta historia? No se trata de un relato sobre cómo pasó usted el día; estamos hablando de un suceso sobrenatural. Es la descripción de cómo el Todopoderoso entró a su corazón. Una noticia como ésta dista mucho de ser aburrida.

Recuerde que nadie es capaz de negar su testimonio. Es su historia, el relato veraz de cómo Dios ha obrado en su vida. Un testimonio es comparable a una huella digital: no hay dos iguales. Y a pesar de los detalles, nadie puede negar la experiencia personal que usted tuvo. Y aunque algunas personas no crean en el poder de Cristo, no podrán refutar lo que Él ha hecho en su vida.

Dar testimonio de nuestra fe con valentía puede ser un desafío, especialmente si usted no tiene la seguridad de cómo reaccionarán quienes le escuchen. Pero recuerde que Dios le hizo a usted un regalo especial al darle un testimonio exclusivo. ¿Está compartiendo ese regalo con otros?

Por Min En Contacto

Libertad

 LLAMADOS A LIBERTAD

> “Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y
>
> gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y
>
> el gemido huirán” (Isaías 51:11).

> ¿Te atraen las siguientes palabras: Vida, gozo, preocupación por otros,
>
> deleite, confianza, libertad? ¿Te imaginas tener ese tipo de deleite en tu
>
> servicio a Cristo? ¿Cómo se puede obtener un gozo tan poderoso?

> No vendrá de las obras de justicia. No tenemos el poder de ser justos por
>
> nosotros mismos. Podemos hacer todo lo posible, esforzarnos por hacer lo mejor
>
> y ofrecer sinceramente a Dios todo lo que tenemos y todo lo que somos, pero
>
> seguiría siendo tan sólo trapos de inmundicia. “Si bien todos nosotros somos
>
> como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos
>
> todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento ”
>
> (Isaías 64:6).

> La libertad viene a través de la sola justicia de Cristo. Cuando Su justicia
>
> se hace nuestra, somos liberados del esfuerzo. Su Espíritu está en nosotros,
>
> liberándonos de la ley del pecado y de la culpa y haciendo nuevas todas las
>
> cosas. “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de
>
> la ley del pecado y de la muerte ” (Romanos 8:2).LibresenCristo

> ¡Esa libertad lo es todo! Significa libertad para llevar a cabo las
>
> responsabilidades piadosas que Él nos llama a hacer. De pronto, somos capaces
>
> de dar testimonio con abandono. Contamos con un denuedo que no lo podríamos
>
> producir por nosotros mismos. La gracia fluye a través de nosotros en lugar de
>
> que fluya un legalismo mortal y esclavizante.

> Sólo hay una forma de caminar en la libertad y el gozo que Cristo ganó para
>
> nosotros: Aceptando Su don de justicia. Hacer esto significa abrazar la gracia,
>
> no las obras. Esto no significa eludir nuestras responsabilidades, por el
>
> contrario, el venir bajo la cobertura de su gracia es la única manera de
>
> asumir una verdadera responsabilidad. De otra forma, ¡no podemos lograr
>
> absolutamente nada
> “…a libertad fuisteis llamados” (Gálatas 5:13).

Por Gary Wilkerson

Enséñame a orar

EnsenameaOrarENSÉÑAME A ORAR

“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar” (Lu. 11:1).
Los discípulos se dieron cuenta al escuchar la oración de Jesús de que ellos no sabían orar. Sin duda rezaban, pero sin mucho provecho, sin conocimiento del formato y las actitudes necesarias que tienen que acompañar la oración, si Dios va a ser glorificado y nosotros edificados. La respuesta de Jesús fue enseñarles el bien conocido “Padrenuestro”, no como rito, sino como modelo para nuestras oraciones.
Lo primero que notamos es que la oración tiene que empezar con Dios, no con nosotros. Tenemos que poner nuestra atención en nuestro Padre que está en los cielos. Trasladamos nuestro pensamiento de este mundo, al otro, donde se ve la gloria de Dios. Contemplamos su santidad, sus perfecciones, sus atributos, su presencia, su poder y su sabiduría y lo hacemos constar en oración. Le reconocemos como Rey, pedimos que se extienda su reino en este mundo y que venga al Rey Jesús en su gloria. Pensamos en la voluntad de Dios y nos predisponemos a hacerla, y pedimos que otros también la hagan.
Entonces, habiendo puesto nuestra atención en Dios y refrescado nuestra alma con la visión gloriosa, estamos preparados para pedir cosas. Lo primero que le pedimos es la provisión para el día de hoy. Nuestra nevera quizás esté llena de comida, pero la cuenta bancaria no tanta, y pedimos que Dios provea. Luego pedimos que Dios perdone nuestras faltas, no para seguir en ellas y confesar lo mismo mañana, sino para vencerlas y cambiar. No nos justificamos; pedimos perdón. Somos conscientes de la convicción de pecado que viene del Espíritu Santo, y nombramos los pecados que nos están estorbando. No nos resignamos a ellos, ni los pasamos por alto. Perdonamos a los que nos han ofendido como Dios nos ha perdonado a nosotros. No condenamos a nadie, ni perdemos la esperanza para nadie. Vemos como más grave nuestro pecado que el de otros, y somos rápidos para perdonar. No guardamos rencor, ni buscamos vengarnos, ni pedimos que Dios castigue al otro, ni proyectamos nuestro enfado sobre terceras personas. Pedimos que Dios nos muestre cuáles sean nuestras tentaciones, que estemos alerta a posibles caídas, y pedimos liberación de su poder atractivo.
En este punto finaliza la versión de Lucas. La persona que ora así termina su oración confiando en su Padre celestial, refrescada por la visión de su reino glorioso, y humillada, expresando su necesidad de él. Está limpia de su pecado, ha perdonado a otros, está alerta a sus tentaciones, y dependiente de Dios. ¡Qué tiempo de oración más positivo!

Por D. Burt

No irresistible

La tentación: Fuerte, pero no irresistible

Leer | GÉNESIS 3.1-24

Satanás es tan astuto que fue capaz de engañar a Eva para que pecara. Su respuesta a la pregunta que él le hizo (Gn 3.1, 2) revela que Eva sabía exactamente lo que Dios le había dicho. ¿No somos también nosotros así hoy? Sabemos exactamente lo que dice la Palabra de Dios, pero muchas veces no obedecemos al Señor.

Noirresistible

¿Pasa usted más tiempo complaciendo sus deseos, ­incluso si eso significa, practicar el pecado­ en lugar de meditar en las Sagradas Escrituras y orar? Tenemos un enemigo que no solo es sagaz e inteligente, sino también cruel e implacable. Su objetivo es alejarle de su Creador, detener su crecimiento como creyente y minimizar su influencia en bien del reino de Dios. Él conoce sus debilidades; también sabe cómo sorprender, atraer y disfrazarse.

Por esta razón es imprescindible que cada creyente mantenga una fuerte defensa por medio de una comunión renovada y continua con Jesucristo. Él es nuestro refugio, y su Palabra un arma muy eficaz.

El Señor es santo; Satanás es perverso. Aprenda, por lo tanto, a responder a la tentación sabiendo que el origen de ella es un enemigo perverso decidido a robarle su gozo y a destruir su efectividad como hijo de Dios. Por lo tanto, acuda al Señor y pídale que le ayude a vencer. Él es el Aquel que puede —y está dispuesto— a darle la victoria.

Recuerde esto: “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Jn 4.4). Acuda al Señor cuando Satanás le lance sus dardos. Ore, diciendo: “Gracias, por ser tu hijo. Te ruego que me protejas”. Y Dios, que es fiel, le dará su ayuda para que escape (1 Co 10.13).

Por Min En Contacto

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