Mes: marzo 2015

Una mujer despreciada

UNA MUJER DESPRECIADA COLOCANDO SU ARMADURA

Mujerdesprcda
“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” (Ef. 6:13).
Aquí tenemos a una mujer maltratada verbalmente por su marido. No trabaja. Pasa el día en casa con los hijos. No se arregla. Se ha engordado. Está convencida que es tonta, fea y no vale nada, ¡pero ahora va a empezar su día de una manera nueva!, con la protección de Dios, orando en torno a Ef. 6:10-17.
“Padre amado, hoy voy a fortalecerme en el Señor (v. 10), como dice tu Palabra. Me voy a vestir de toda la armadura de Dios (v. 11). Así vestida seré fuerte y podré evitar todas las embestidas del maligno por medio de mi marido. No seré derrotada, ni tumbada, ni aplastada, ni entristecida, ni abatida, sino firme en ti, pues tu palabra dice que tomando toda la armadura de Dios podré resistir en el día malo (v. 13). ¡Gracias! Lo creo. Voy a poder resistir. Reconozco que el enemigo real no es mi marido, sino los principados, potestades, y gobernadores de las tinieblas. Mi marido es solo un instrumento en sus manos. Yo no soy nadie para luchar contra fuerzas espirituales, pero con mi armadura puesta, no podrán contra mí.
Así que “ciño mi lomos con la verdad ” (v. 14). La verdad es lo que tú dices en tu Palabra. “Tu palabra es verdad”, no las ideas que tengo en la cabeza por el menosprecio que he sufrido. Rechazo la voz que me dice que no valgo nada, que soy fea y tonta, y creo tu Palabra que “todo lo puedo en Cristo quien me fortalece” (Fi. 4:13) y que “en tus ojos soy de gran estimo, honorable, y que me amas” (Is. 43:4). Ahora me visto con la coraza de justicia (v. 14). Soy justa en tus ojos, buena y limpia, sin mancha del pecado, porque Cristo me ha limpiado y justificado. No soy culpable, sino perdonada y pura ante ti. Nadie me puede acusar de nada, porque tú has hecho desaparecer mi pecado del pasado.
Me pongo el calzado del evangelio de la paz (v. 15). Tengo paz contigo. Tú estás de mi parte, no en contra de mí por mi pasado, sino conmigo. Creo el mensaje del evangelio que la sangre de Cristo me limpia de todo pecado (1 Jn. 1: 9), y con esta sangre justificándome, no hay acusación del maligno que valga (Ap. 12: 11). Tomo el escudo de la fe (v. 16). Con él ningún insulto me va a penetrar. Creo que tú me escogiste antes de la fundación del mundo para presentarme perfecta en Cristo cuando él venga para buscarme. En aquel día no será avergonzado de mí, sino orgulloso, como el Novio de la Novia. Esto es maravilloso. Con tu obra en mí estoy cada vez más preparada para aquel Día que tanto anhelo. Me pongo el yelmo de la salvación (v. 17). Soy eternamente salva. Nada me puede separar de ti. Soy tuya comprada con sangre para amarte para siempre. Y tomo la espada del Espíritu (v. 17), tu bendita Palabra. Voy a creer todas sus promesas en cuanto a quien soy en Cristo, cómo me amas, que soy útil en tus manos, y que tienes un perfecto plan para mi vida. Soy hechura tuya, tu nueva creación en Cristo para hacer las buenas obras que has preparado para mí (Ef. 2:10). Con tu ayuda las voy a hacer y ¡estarás orgulloso de mí! Gracias, Padre. Así vestida y armada voy a ser más que vencedora en el día de hoy. Amén.”
Por D. Burt

Humildad

La excelencia de la humildad????????

Leer | 1 PEDRO 5.5-7

La vida de Jesús fue un ejemplo de humildad. Él no hizo valer sus derechos divinos en la Tierra, sino que dejó atrás la gloria y la autoridad que le pertenecían. Se revistió de humanidad para ser un siervo obediente a su Padre celestial (Fil 2.5-8).

El ejemplo de nuestro Salvador fue y sigue siendo contracultural. Este mundo no aprecia una actitud o un estilo de vida de humildad; por el contrario, aplaude los grandes éxitos, la belleza exterior, las posiciones elevadas y las habilidades excepcionales. Pero Dios nos asegura que si elegimos la mansedumbre, es decir, una vida de sumisión a Jesús como el Señor de nuestras vidas, Él nos recompensará tanto en esta vida como en la venidera (Mt 5.5).

En los versículos de hoy, Pedro habla de las alternativas que tenemos. Está la promesa de bendiciones espirituales si elegimos el camino de Dios para la humildad. Pero si le damos la espalda a este camino, tendremos la oposición del Señor porque estaremos obrando arrogantemente. Mientras que al rendirnos humildemente a su autoridad, con el deseo de obedecerle, Él será nuestra fuente de fortaleza y confianza.

Hay algo más que considerar: ya que, a veces, aceptamos la importancia que da la sociedad a la gratificación instantánea, tendemos a querer el reconocimiento ahora mismo. Pero Dios nos honra de acuerdo con su manera y su tiempo perfectos.

La decisión es suya: ¿Se humillará y vivirá para la gloria de Dios, en vez de la suya? ¿O trazará su propio camino y decidirá oponerse arrogantemente a Dios? Si usted es sabio, la decisión no le resultará difícil. Pídale a Dios que le indique cualquier aspecto de su vida que esté guiada por el orgullo.

Por Min En Contacto

 

La Promesa

 LA PROMESA DEL PADRE

> Los capítulos 1 al 6 del libro de Hechos describen una de las más gloriosas
>
> obras de Dios en la historia. Es una secuencia increíble de eventos llenos de
>
> acción: poderosa predicación, conversiones masivas, sanidades milagrosas.
>
> Todo era el cumplimiento de una promesa divina anunciada por Jesús.

> Antes de Su resurrección, Cristo instruyó a los discípulos a que esperaran
>
> en Jerusalén para recibir la “promesa del Padre”. “He aquí, yo enviaré
>
> la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de
>
> Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.” (Lucas
>
> 24:49)CumpDLaPromesa

> Esa promesa comenzó su cumplimiento en el día de Pentecostés, la fiesta de
>
> las “primicias” de Israel. El mundo estaba a punto de ver los primeros
>
> frutos de la obra de Cristo en la cruz por nosotros.

> Los discípulos no podían haber imaginado lo que Dios tenía en mente para
>
> ellos. Probablemente pensaron, “¡Excelente! Esta promesa significa que Dios
>
> está a punto de restaurar a Israel. Él nos liberará de los grilletes de la
>
> esclavitud romana por siempre y seremos su pueblo de nuevo.”

> Hoy día creo que quizás la Iglesia tendría una reacción similar si
>
> escuchamos la misma promesa de Jesús. Podríamos pensar: “Cuando venga la
>
> promesa de Dios, nuestras iglesias se llenarán a reventar. El Espíritu Santo
>
> se moverá en otras ciudades y la gente viajará de todas partes sólo para
>
> experimentarlo. ¡Seremos bendecidos como nunca antes!”
> Debemos desear que el Espíritu Santo llene nuestros santuarios, para llevar
>
> alegría y consuelo al pueblo de Dios. Pero cuando llegue la gloria de Dios, no
>
> será solamente para nuestro beneficio. Jesús no dijo: “Cuando recibáis poder
>
> de lo alto, me seréis feligreses, estudiantes de la Biblia, asistentes a las
>
> reuniones de oración.” Él dijo: “Me seréis testigos hasta lo último de
>
> la tierra.”

> El poder de Dios está destinado a ir más allá de los muros de la iglesia
>
> hasta alcanzar los lugares más lejanos del mundo. Eso es lo que vemos
>
> desarrollarse en el libro de los Hechos. Cuando Pedro se levantó para predicar
>
> a la multitud que se había reunido, tres mil fueron salvos. Más tarde, cuando
>
> Pedro y Juan testificaban por todo Jerusalén, los seguían señales y
>
> prodigios en liberaciones y sanidades milagrosas.

> ¡Pero eso fue sólo el principio! Si la obra del Espíritu se hubiese detenido
>
> en Hechos 6, todo el poder de Dios habría permanecido en manos de los doce
>
> apóstoles. En vez de eso, un cambio tectónico tuvo lugar. Dios dijo: “Mi
>
> Espíritu ya no se moverá a través de sólo unos pocos escogidos. Voy a darle
>
> poder a cada hombre, mujer y niño que lo pida en Mi nombre”.

Por Gary Wilkerson

El Compromiso de …

El compromiso de obedecer

Leer | Daniel 1.9-21

25 de marzo de 2015

Hace algunos años, me comprometí a obedecer al Señor sin importar el costo. Como todo el mundo, he cometido errores, pero mi determinación de obedecer a Cristo nunca ha cambiado.

Todos enfrentaremos momentos en los que habrá un conflicto entre las cosas de Dios, y las que otros pedirán de nosotros. Tal vez el jefe nos diga que demos una información falsa a los clientes en cuanto a un producto de la compañía. O un amigo pueda presionarnos para que participemos con él en algo incorrecto. O algún miembro de la familia pueda pedirnos que mintamos para protegerle. Negarnos a esas cosas puede ocasionarnos alguna pérdida, el rechazo o incluso el fin de una relación. Pero, por el otro lado, aceptarlas puede dañar nuestro testimonio.

Daniel experimentó ese dilema. Él y sus tres amigos tenían la opción de comer lo prohibido para no enfrentar la ira del rey, la prisión o incluso la muerte. Sin embargo, Daniel demostró gran valentía cuando propuso un plan diferente (Dn 1.12). Sus palabras y sus acciones demostraron su fidelidad al Señor.

El Señor premió a Daniel y sus amigos por su fe y su compromiso (v. 17). A pesar de sus circunstancias adversas, los cuatro hombres tuvieron confianza en la soberana protección del Señor.

La decisión de Daniel dio como resultado el favor del rey. La obediencia del Señor Jesús lo llevó a la cruz y a la glorificación. La confianza de Pablo en Cristo redundó en dificultades. Cuando obedecemos, las consecuencias pueden variar, pero hay algo que nunca cambia: la obediencia glorifica a nuestro Padre celestial, y eso le agrada.

Min. En Contacto

CompromisoaDiosenobediencia

Con violencia

Si te han empujado con violencia

y en el camino tropezastes

no te quedes postrado y adora

aun cuando las cargas aumenten que tambien aumente tu fe

no te detengas, adora Su nombre

en la prueba Adorale, en el dolor Adorale

Pues El siempre es Fiel

por eso hoy y siempre Adorale

en El poder de su fuerza te levantará

para su Gloria demostrar

y así otros también le adoraran

Otra manera de …

OTRA MANERA DE ORDENAR LA ORACIÓNOrdndolaOracion

”Aconteció que estaba Jesús orando e un lugar, y cuando terminó, uno de sus Discípulos le dijo; Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11:1).
Un pastor, preocupado por la vida de oración de su congregación, escribió un libro para orientarles en su tiempo devocional. Reproducimos aquí sus seis puntos, un enfoque de la oración que ha sido de ayuda práctica para muchos.
1. Ponerte en actitud reverente delante de Dios. Estate quieto, sin pensar en todo lo que tienes que hacer hoy, sin prisa, apartado de otras personas, y espera en silencio un encuentro con Él.
2. Da gracias a Dios. Expresa gratitud por las bendiciones materiales, y espiritual que tienes: la salud, la comida, la creación, la Iglesia, etc.
3. Adorarle. Puedes leer un Salmo de adoración, cantar himnos o cánticos de alabanza, o leer una porción de las Escrituras que refleja la gloria de su Persona. Meditar en uno de los centenares de nombres de Dios que revelan su carácter.
4. Confesar tu pecado. Incluye palabras dichas fuera de lugar, actitudes incorrectas, preocupaciones que indican falta de fe, deseos carnales, dudas, temores, amargura, odio, mandamientos de Dios que hemos roto, falta de hambre espiritual, desobediencia, malas relaciones con otros, impaciencia, quejas, mundanalidad, egoísmo…
5. Revístate de tu armadura o protección contra la carne, el mundo y el diablo. Acepta el perdón de Dios, considérate perfecto en Cristo, como Dios te ve, aceptado, limpio, escogido, equipado por el Espíritu Santo con dones espirituales para realizar una misión importante en este mundo, y heredero de la vida eterna.
6. Echar sobre Él tus preocupaciones por los miembros de tu familia, uno por uno, por tus finanzas, nombrando cosas especificas, por tus frustraciones con familiares, contigo mismo, con la vida, con tu trabajo. Echa tus temores sobre el Señor, ansiedades para el día de mañana. Echa tus fracasos, tus luchas, tus debilidades sobre Él. Reclama sus promesas.
Ahora estás en condiciones para interceder por otros. Tienes una perspectiva correcta de Dios y estás confiando en Él para tus necesidades. Estás libre de ti mismo para enfocar tu atención en otros y orar con fe y confianza en Dios por ellos.
Por D. Burt

¿Qué sucedió con usted?

Diga qué sucedió con usted

Leer | MATEO 10.32, 33

La vida a menudo exige pruebas. A veces, parece que no importa lo que digamos, la gente simplemente no nos creerá, a menos que podamos aportar una demostración definitiva. Eso puede ser algo bueno cuando lo que usted está diciendo es la noticia más importante del mundo, y tiene la evidencia para respaldarla.

La noticia de la que estoy hablando es el evangelio de Jesucristo que nos salva. Y la prueba es su propio testimonio personal.TestificaACristo

Cada creyente tiene una historia irrefutable de cómo fue salvo por Cristo de sus pecados. Es desalentador cuando la gente resta importancia a su historia al considerarla aburrida o “común”. ¿Cómo puede ser común esta historia? No se trata de un relato sobre cómo pasó usted el día; estamos hablando de un suceso sobrenatural. Es la descripción de cómo el Todopoderoso entró a su corazón. Una noticia como ésta dista mucho de ser aburrida.

Recuerde que nadie es capaz de negar su testimonio. Es su historia, el relato veraz de cómo Dios ha obrado en su vida. Un testimonio es comparable a una huella digital: no hay dos iguales. Y a pesar de los detalles, nadie puede negar la experiencia personal que usted tuvo. Y aunque algunas personas no crean en el poder de Cristo, no podrán refutar lo que Él ha hecho en su vida.

Dar testimonio de nuestra fe con valentía puede ser un desafío, especialmente si usted no tiene la seguridad de cómo reaccionarán quienes le escuchen. Pero recuerde que Dios le hizo a usted un regalo especial al darle un testimonio exclusivo. ¿Está compartiendo ese regalo con otros?

Por Min En Contacto

Libertad

 LLAMADOS A LIBERTAD

> “Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y
>
> gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y
>
> el gemido huirán” (Isaías 51:11).

> ¿Te atraen las siguientes palabras: Vida, gozo, preocupación por otros,
>
> deleite, confianza, libertad? ¿Te imaginas tener ese tipo de deleite en tu
>
> servicio a Cristo? ¿Cómo se puede obtener un gozo tan poderoso?

> No vendrá de las obras de justicia. No tenemos el poder de ser justos por
>
> nosotros mismos. Podemos hacer todo lo posible, esforzarnos por hacer lo mejor
>
> y ofrecer sinceramente a Dios todo lo que tenemos y todo lo que somos, pero
>
> seguiría siendo tan sólo trapos de inmundicia. “Si bien todos nosotros somos
>
> como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos
>
> todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento ”
>
> (Isaías 64:6).

> La libertad viene a través de la sola justicia de Cristo. Cuando Su justicia
>
> se hace nuestra, somos liberados del esfuerzo. Su Espíritu está en nosotros,
>
> liberándonos de la ley del pecado y de la culpa y haciendo nuevas todas las
>
> cosas. “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de
>
> la ley del pecado y de la muerte ” (Romanos 8:2).LibresenCristo

> ¡Esa libertad lo es todo! Significa libertad para llevar a cabo las
>
> responsabilidades piadosas que Él nos llama a hacer. De pronto, somos capaces
>
> de dar testimonio con abandono. Contamos con un denuedo que no lo podríamos
>
> producir por nosotros mismos. La gracia fluye a través de nosotros en lugar de
>
> que fluya un legalismo mortal y esclavizante.

> Sólo hay una forma de caminar en la libertad y el gozo que Cristo ganó para
>
> nosotros: Aceptando Su don de justicia. Hacer esto significa abrazar la gracia,
>
> no las obras. Esto no significa eludir nuestras responsabilidades, por el
>
> contrario, el venir bajo la cobertura de su gracia es la única manera de
>
> asumir una verdadera responsabilidad. De otra forma, ¡no podemos lograr
>
> absolutamente nada
> “…a libertad fuisteis llamados” (Gálatas 5:13).

Por Gary Wilkerson

Enséñame a orar

EnsenameaOrarENSÉÑAME A ORAR

“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar” (Lu. 11:1).
Los discípulos se dieron cuenta al escuchar la oración de Jesús de que ellos no sabían orar. Sin duda rezaban, pero sin mucho provecho, sin conocimiento del formato y las actitudes necesarias que tienen que acompañar la oración, si Dios va a ser glorificado y nosotros edificados. La respuesta de Jesús fue enseñarles el bien conocido “Padrenuestro”, no como rito, sino como modelo para nuestras oraciones.
Lo primero que notamos es que la oración tiene que empezar con Dios, no con nosotros. Tenemos que poner nuestra atención en nuestro Padre que está en los cielos. Trasladamos nuestro pensamiento de este mundo, al otro, donde se ve la gloria de Dios. Contemplamos su santidad, sus perfecciones, sus atributos, su presencia, su poder y su sabiduría y lo hacemos constar en oración. Le reconocemos como Rey, pedimos que se extienda su reino en este mundo y que venga al Rey Jesús en su gloria. Pensamos en la voluntad de Dios y nos predisponemos a hacerla, y pedimos que otros también la hagan.
Entonces, habiendo puesto nuestra atención en Dios y refrescado nuestra alma con la visión gloriosa, estamos preparados para pedir cosas. Lo primero que le pedimos es la provisión para el día de hoy. Nuestra nevera quizás esté llena de comida, pero la cuenta bancaria no tanta, y pedimos que Dios provea. Luego pedimos que Dios perdone nuestras faltas, no para seguir en ellas y confesar lo mismo mañana, sino para vencerlas y cambiar. No nos justificamos; pedimos perdón. Somos conscientes de la convicción de pecado que viene del Espíritu Santo, y nombramos los pecados que nos están estorbando. No nos resignamos a ellos, ni los pasamos por alto. Perdonamos a los que nos han ofendido como Dios nos ha perdonado a nosotros. No condenamos a nadie, ni perdemos la esperanza para nadie. Vemos como más grave nuestro pecado que el de otros, y somos rápidos para perdonar. No guardamos rencor, ni buscamos vengarnos, ni pedimos que Dios castigue al otro, ni proyectamos nuestro enfado sobre terceras personas. Pedimos que Dios nos muestre cuáles sean nuestras tentaciones, que estemos alerta a posibles caídas, y pedimos liberación de su poder atractivo.
En este punto finaliza la versión de Lucas. La persona que ora así termina su oración confiando en su Padre celestial, refrescada por la visión de su reino glorioso, y humillada, expresando su necesidad de él. Está limpia de su pecado, ha perdonado a otros, está alerta a sus tentaciones, y dependiente de Dios. ¡Qué tiempo de oración más positivo!

Por D. Burt

No irresistible

La tentación: Fuerte, pero no irresistible

Leer | GÉNESIS 3.1-24

Satanás es tan astuto que fue capaz de engañar a Eva para que pecara. Su respuesta a la pregunta que él le hizo (Gn 3.1, 2) revela que Eva sabía exactamente lo que Dios le había dicho. ¿No somos también nosotros así hoy? Sabemos exactamente lo que dice la Palabra de Dios, pero muchas veces no obedecemos al Señor.

Noirresistible

¿Pasa usted más tiempo complaciendo sus deseos, ­incluso si eso significa, practicar el pecado­ en lugar de meditar en las Sagradas Escrituras y orar? Tenemos un enemigo que no solo es sagaz e inteligente, sino también cruel e implacable. Su objetivo es alejarle de su Creador, detener su crecimiento como creyente y minimizar su influencia en bien del reino de Dios. Él conoce sus debilidades; también sabe cómo sorprender, atraer y disfrazarse.

Por esta razón es imprescindible que cada creyente mantenga una fuerte defensa por medio de una comunión renovada y continua con Jesucristo. Él es nuestro refugio, y su Palabra un arma muy eficaz.

El Señor es santo; Satanás es perverso. Aprenda, por lo tanto, a responder a la tentación sabiendo que el origen de ella es un enemigo perverso decidido a robarle su gozo y a destruir su efectividad como hijo de Dios. Por lo tanto, acuda al Señor y pídale que le ayude a vencer. Él es el Aquel que puede —y está dispuesto— a darle la victoria.

Recuerde esto: “Mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo” (1 Jn 4.4). Acuda al Señor cuando Satanás le lance sus dardos. Ore, diciendo: “Gracias, por ser tu hijo. Te ruego que me protejas”. Y Dios, que es fiel, le dará su ayuda para que escape (1 Co 10.13).

Por Min En Contacto

Lluvias de…

 LLUVIAS DE GRACIA

> Nuestra vida en Cristo comienza en la gracia, continúa en la gracia, y
>
> terminará en la gracia. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y
>
> esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se
>
> gloríe.”(Efesios 2:8-9)

> Una vez que comprendamos esta verdad, nuestras vidas estarán marcadas por la
>
> libertad, no por la esclavitud; por el gozo, no por el agotamiento; por el
>
> deleite, no por el temor. Pasar tiempo en la presencia de Dios se volverá un
>
> alegre regalo en lugar de un deber. Después de todo, Jesús nos dice que ya no
>
> somos Sus siervos, sino Sus amigos.
>

> Nada de esto niega nuestra responsabilidad. Por supuesto que hay que poner la
>
> alarma del despertador para levantarse y orar. Pero ni se te ocurra hacerlo sin
>
> el aceite de la gracia de Dios. Y no se te ocurra leer la Biblia sin la gracia,
>
> o saldrás condenado y temeroso en lugar de iluminado y con poder. ¿Por qué?LuviasdeGracia
>
> Es obra de la gracia de Dios mostrarnos nuestra incapacidad. Esa es la única
>
> manera de que podamos reconocer Su capacidad.

> No, no dejes tu grupo de apoyo. No renuncies a tu tiempo consagrado a la
>
> oración. No renuncies a tu grupo de estudio bíblico. No renuncies a ninguna
>
> de estas maravillosas disciplinas, a menos que se estén interponiendo en el
>
> camino de la gracia de Dios trabajando totalmente en tu vida.

> Algunos de ustedes podrían decir: “De la forma en que estás hablando, nadie
>
> va a orar jamás. Nadie va a disciplinarse para la tarea, no está en nosotros.
>
> Si seguimos tu sugerencia, nadie sabrá nunca el camino de Dios para
>
> nosotros.”

> Sólo recuerda que la lluvia de gracia viene a nosotros desde el trono del
>
> Señor, no de nosotros a él. Eso es lo que va a atraer a todos a nuestras
>
> vidas y testimonios. Cuando la gente vea que la gracia verdadera llueve sobre
>
> nosotros, van a ver las maravillas que hace en nosotros y sabrán que nuestros
>
> corazones han sido ganados no por nuestro trabajo, sino por voluntad de Dios.
>
> ¡Que así sea en tu vida hoy día!

Por Gary Wilkerson

Palabra de Vida

Cuando más necesitas, llega a tí y lo puedes sentir

Cuando más desesperas, es tu aliento para que puedas seguir

Cuando más necesites Él llega a tí y te da un nuevo sentir

Cuando estés desesperado El es tu aliento de vida

Tu ayuda, tu guía, cuando en tristeza sola y vacía te socorre

sopla vida en tí, esa es la Palabra de Vida

de Dios operando en nosotros en el nombre de Jesús

mediante el Espíritu Santo

El no te abandona, solo confía en Él

recibe, llénate de su Palabra de Vida

El no te abandona, confía, El está contigo

 

 

 

El conocimiento de Dios y …

EL CONOCIMIENTO DE DIOS, LA GLORIA DEL HOMBRE

“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová” (Jer. 9:23-24).

Aquí tenemos importantísimas palabras dichas por Dios mismo: “Si eres rico, que tus riquezas no sean tu orgullo; si eres fuerte, que tu fuerza no sea tu orgullo; si eres sabio, que tu sabiduría no sea tu orgullo; sino, que tu orgullo consista en entenderme y conocerme a mí”. “Alabarse” en este contexto significa “encontrar nuestra satisfacción principal”. Dios está diciendo que lo que nos hace felices, lo que nos satisface, nos llena, nos realiza y nos aporta contentamiento en la vida no debe ser nuestra sabiduría (o conocimiento intelectual), ni nuestro valentía (poder, o fuerza físico, o ascendencia sobre otros), o nuestras riquezas (dinero, posesiones, poder adquisitivo); sino Dios mismo, el conocerle a Él.

Asombra oír esto en una sociedad como la nuestra que busca precisamente estas tres cosas: información, poder y dinero. La gente valora una buena formación, la fuerza física y un buen sueldo. Si tienen estas tres cosas, se dan por satisfechos. Pero Dios dice, si las conseguís, no dejéis que sean la fuente de vuestra satisfacción, sino el conocerme a mí. Esto tiene que ser la meta de nuestra vida a la cual dedicamos toda nuestra energía, todo lo demás contribuyendo a este mismo fin. Dios no está en contra de la sabiduría, el poder o las riquezas, pero ellos no deben ser el centro de la vida, o lo que la llena, o lo que nos hace sentirnos exitosos.

El éxito es conocer a Dios. Esto significa mucho más que creer en Él. Es llegar a conocerle como conocemos a los demás: descubrir cómo es, cómo piensa, lo que valora, lo que le mueve y conmueve. Dios quiere que le comprendamos y que le conozcamos, las dos cosas. ¿Por qué? ¿Por qué le importa si le conocemos o no? Nos creó para conocerle. Es alucinante. Dios, el Dios de los cielos y la tierra, Creador de todo cuanto existe, hizo al hombre para que pudiésemos conocerle, hablar con Él, estar con Él, relacionarnos con Él y comprender su mente infinita.

ConocdDiosSab

¿Cómo puede una persona entender a Dios? Solamente si Dios se revela a ella. Lo que nos da a conocer de sí mismo en este texto es que lo prioritario para Él es hacer misericordia, juicio y justicia en la tierra: “porque estas cosas quiero, dice el Señor” (v. 34). Es justo, santo, bueno, amable, recto, limpio, misericordioso y perfecto. Se dedica a hacer el bien aun a personas pecaminosas que pasan de Él. Sostiene el mundo, alimenta a sus habitantes, envía su verdad, obra justicia, y todo para que podamos conocerle. Se deleita en el amor, la justicia y la rectitud y en los que practican estos valores. Dios está buscando a personas así, que le buscan a Él, y se revela a ellas.

Nos equivocamos si buscamos nuestra satisfacción en títulos académicos, seguridad económica, un cuerpo ideal, poder sobre otros, o el éxito humano. Dios quiere que la fuerza motriz de nuestra vida sea conocerle a Él. Esta es la verdadera sabiduría, poder y riqueza: conocer y entender a Dios. Que nuestro conocimiento de Él sea nuestra suprema gloria.

Por D. Burt

La clave

La clave para escuchar

Leer | MATEO 6.5, 6

Imagine que usted está de pie en medio de un auditorio lleno de miles de personas. Si cada una de ellas hablara al mismo tiempo, lo más probable es que usted no podría distinguir una voz de otra.

Este mismo principio se aplica a la oración. En nuestra vida cotidiana, estamos rodeados por innumerables voces que demandan nuestra atención: la de nuestros hijos, familiares, amistades y empleadores. Con todas estas personas tratando de ganar nuestra atención, no es de extrañar que la voz de Dios parezca, a veces, silenciosa o distante.

La meditación eficaz requiere aislamiento. Si no hacemos un esfuerzo por escapar de nuestras exigencias diarias, al menos durante algunos momentos, nuestra capacidad de escuchar la voz de Dios se debilitará.

Nuestro Señor Jesucristo estaba muy consciente de esta necesidad de aislamiento. Al enseñar sobre la oración, dijo a sus discípulos que se encerraran en sus cuartos y hablaran en secreto con Dios. Sabía que eso era vital para tomarse un descanso de las presiones de la vida, para tener realmente comunión con el Padre celestial.

Pero el mundo moderno actúa en contra de esta necesidad. Los teléfonos celulares, el correo electrónico y otros avances tecnológicos nos han traído la bendición ­y la maldición­ de la comunicación y la interrupción constantes.

En algún momento hoy, apague la televisión, el teléfono celular y la computadora; simplemente escuche la voz de Dios. Acalle, entonces, sus pensamientos, y concéntrese en Él. Dios quiere renovarle por medio del tiempo que pase usted en su presencia.                                                                         AsolasconDios

Por Min En Contacto

Venid a mí

VENID A MÍ

VenidAMi

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré

descansar.” (Mateo 11:28). Jesús no está solamente haciendo una

invitación, nos está mandando a venir a Él, porque solo Él proporciona el

descanso que nuestra alma necesita.

Sin embargo, ¿Será que es posible para nosotros, por nuestra propia cuenta,

‘venir a él’? Según Jesús, es imposible: “Ninguno puede venir a mí,

si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). ¿Por qué Cristo nos

mandaría a hacer algo que no podemos hacer?

Aquí se nos está dando una lección importante y una que es fundamental para

la vida cristiana. Es decir, cuando se nos da una orden, no es suficiente con

que nos entusiasmemos y digamos: “¡Yo soy tu hombre, Señor!” Si hacemos

esto, estamos en problemas incluso antes de empezar. El hecho es que, cuando se

nos da una orden en los evangelios, ésta expone nuestra propia incapacidad.

Dios hace esto a propósito. Incluso cuando Él nos revela su voluntad y sus

mandatos, Él nos muestra nuestra incapacidad de lograrlos por nosotros mismos.

Por esta razón, Jesús nos da a continuación de cada mandato imposible, una

promesa. En primer lugar, dice: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que

me envió no le trajere”. E inmediatamente después, Él dice: “Y yo le

resucitaré en el día postrero” (Juan 6:44). Dios no sólo nos atraerá

hacia Sí mismo, sino que nos levantará a una vida nueva y resucitada. Su

poder nos permite caminar en un nuevo pacto con Él.

No tenemos la capacidad de tener una nueva vida por nuestra cuenta, pues ésta

viene sólo a través de Él. Del mismo modo, el mismo poder que nos salva por

gracia también nos mantiene por gracia. “Mas el que practica la verdad viene

a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan

3:21). Significa que sus obras han sido “elaboradas en Dios”. ¡Dios está

fabricando la obra en nosotros! Es por eso que a cada mandato le sigue una

promesa. Tan pronto como nos revela nuestra incapacidad, Él nos revela Su

capacidad y voluntad para llevar a cabo todo esto en nosotros.

 

Por  Gary Wilkerson

Quizás hoy

Quizás hoy vuelves en sí

te das cuenta que la vida que llevas

aún en bienestar, abundancia y placeres

no llena el profundo vacío de tu ser y el sentimiento de soledad

porque nada de ello satisface tu ser interior

tu alma necesita el toque divino de su creador

quizás hoy, ahora en este instante es el momento de retornar a EL

quiere acariciar tu rostro, volver a verte como Hijo

desea el encuentro para decirte cuanto te ama

y sigue siendo El mismo, sin sombra de variación

Arrepiéntete de vivir sin Él y abrázale para un final feliz

Hijo vuelve a casa, vuelve a Dios

El te espera, y como dice el Himno

¿Quizás hoy será el día que regreses?

Te toca a tí escoger y contestar

No lo dejes esperando un día más

 

 

 

Mi reacción ante la ofensa

 

MI REACCIÓN ANTE LA OFENSA

 

“La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa” (Prob. 19:11).

Otra versión dice: “La sabiduría de un hombre le da paciencia, y le honra pasar por alto la ofensa”. La reacción normal ante una ofensa es enfadarse. Mi orgullo ha sido herido y mi carne se levanta airada. Lo que ha dicho me ha sentado mal, me ha hecho daño indirectamente, no me ha tomado en cuenta, no me ha entendido, y me da pena de mi misma. Pobre de mí.

La persona sabia se controla. No da expresión a su enfado en el momento, pero la necia, sí. Su reacción es inmediata. Explota. Devuelve mal por mal, y hace daño adrede, aun si la otra persona le ofendió sin querer. La necia es capaz de insultar, cortar la relación en el acto, o buscar vengarse. El fruto de la carne es: “enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones”  (Gal. 5:20).mireacantlaOfensa

Uno de los frutos del Espíritu Santo es el autodominio: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gal. 5:22). El Espíritu Santo nos ayuda a frenar nuestra ira, controlarnos, y pensar. En este caso la mansedumbre domina el ego enfadado. La paz busca solucionar el problema. Puede haber diálogo. El creyente valora sus relaciones. Es capaz de pasar por alto una ofensa y no darla importancia, y continuar con la relación. No está a la defensa siempre, pendiente de cómo es tratado, sino deseoso de agradar al otro y mirar por su bien. El creyente lleno del Espíritu Santo puede pasar por alto la ofensa, no gardar rencor, no vindicarse, ni  vengarse, sino amar y perdonar.

Por D. Burt

 

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