Mes: enero 2015

Provisión ílimitada

PROVISIÓN ILIMITADA

> El apóstol Pablo clamó a Dios: “Señor, por favor ¡líbrame de este aguijón

> en mi carne!”. Pero el Señor le respondió: “Mi gracia es suficiente para ti”

> (2 Corintios 12:9). Dios le estaba diciendo a su siervo: “Pablo, vas a tener

> que vivir con ese aguijón. Pero en medio de tu dolor, Yo te daré toda la

> gracia que necesites. ¡Tengo una provisión ilimitada para ti!”graciadeDios

> El Señor quiere que sepamos que Su gracia es más fuerte que cualquier

> liberación que Él pueda traer a nuestras circunstancias. ¿Por qué? ¡Su

> gracia contiene la revelación completa de quién es Él! En pocas palabras, la

> gracia de Dios es Jesucristo, revelado plenamente en toda santidad, pero con un

> corazón tierno y compasivo.

> Nuestro Padre celestial ve cada parte de nuestro sufrimiento y nos hace estas

> maravillosas promesas:

> * “Pero la salvación de los justos es de Jehová, y él es su fortaleza en

> el tiempo de la angustia” (Salmos 37:39).

> * “Él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir

> confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el

> hombre” (Hebreos 13:5-6).

> * “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que

> te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi

> justicia” (Isaías 41:10).

> * “He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y

> confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo.

> Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como

> nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra” (versículos

> 11-12).

> * “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te

> dice: No temas, yo te ayudo… Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y

> no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de

> Israel no los desampararé” (versículos 13 y 17).

> Puedes lograrlo a través de cualquier situación, crisis o desastre, todo por

> la gracia de Jesucristo. No importa lo que venga por tu camino, ¡Él tiene la

> gracia que es más que suficiente y el consuelo del Espíritu Santo para ti!

Por D. Wilkerson

La ruta a Dios

LA RUTA A DIOS

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne… acerquémonos” (Heb. 10:19-22).

Cuando quieres acercarte a Dios, y no sabes cómo, usa la ruta del Tabernáculo. La ruta del Tabernáculo a la presencia de Dios es cumplida en Cristo quien es “el Camino” a Dios por virtud de lo que es y por virtud de lo que ha hecho. En su vida terrenal vivió el camino y, al hacerlo, nos lo abrió. De esto vamos a hablar.

Jesús traza el camino a Dios y el creyente le sigue por el mismo camino que usaba el Sumo Sacerdote en el Día de Expiación (Lev. 16). Cada paso representa a Cristo y cada paso lo vivió él. Con el modelo del Tabernáculo en mente, vamos a seguir este camino. Primeramente, pasamos por la puerta, que es Cristo. Él es quien nos da acceso al Padre. Pasamos por ella al patio y encontramos el altar. Cristo es la víctima que muere para la remisión de pecados. Es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Jesús puso su vida. Luego está el lavacro, la fuente de bronce, donde los sacerdotes se lavaban con agua. Esta fuente representa a Cristo quien bautiza en el Espíritu Santo, pero también fue bautizado en el Espíritu para su ministerio.

Ahora entramos en el Lugar Santo donde vemos un candelero que representa Cristo que es la luz del mundo, pero también caminó en luz, en santidad de vida, en perfecta comunión con el Padre toda su vida. En frente está la mesa para el pan de la proposición. Él el pan de vida, encarnó la Palabra de Dios, pero, a la vez, obedeció la Palabra. La estudiaba, meditaba en ella, y vivía de acuerdo con su enseñanza. Delante del velo está el altar de incienso que nos habla de Jesús como nuestro Sumo Sacerdote. Al mismo tiempo, su vida fue una vida de intercesión, de oración y comunión con el Padre; de madrugada y a las altas horas de la noche le encontramos orando. El altar daba con el velo y su perfume penetraba al Lugar Santísimo. El velo ya no existe, porque Dios lo rasgó y lo quitó de en medio a causa del sacrificio perfecto de la Cruz. Y con el velo rasgado ya estamos en el Lugar Santísimo, delante del propiciatorio, el trono de Dios. Allí está Jesús el Rey, glorificado: “Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Heb. 10:12). Resucitó, y ascendió y se sentó a la diestra de Dios en las alturas. Isaías le vio sentado en alta majestad (Is. 6:1-3). Ezequiel también tuvo una visión de su gloria (Ez. 1:26).rutahaciaDios

Jesús es todo el Camino al Padre. No solo es el cumplimiento del simbolismo de todos los muebles del Tabernáculo, sino que su vida también lo ilustra. Su vida de santidad aquí en la tierra es el complimiento perfecto del Camino a Dios que Él abrió por nosotros, y siguiéndole a Él, llegamos al mismo Trono de Dios.

Dónde están todos los Pastores santos

¿DÓNDE ESTÁN TODOS LOS PASTORES SANTOS?

 

Dios le dijo al profeta Jeremías: “Como no puede ser contado el ejército

del cielo, ni la arena del mar se puede medir, así multiplicaré la

descendencia de David mi siervo, y los levitas que me sirven” (Jeremías

33:22). Él estaba diciendo: “Te doy esta promesa del pacto de que voy a

incrementar el sacerdocio santo que pastoreará a mis rebaños que se están

multiplicando”

 

Te preguntarás: “¿Dónde están esos pastores santos que el Señor nos

prometió? ¿Dónde están pastoreando? ¿Está usted diciendo que podemos

encontrar iglesias rectas en cada ciudad, pueblo o villa? No hay suficientes

institutos bíblicos y seminarios en el mundo para ni siquiera comenzar el

cumplimiento de esta increíble profecía. Sé que el Señor está levantando

un ejército de jóvenes ministros santos, pero seguramente son pocos y no se

encuentran con frecuencia”.

 

¿Cómo hará esto Dios? Encontramos la respuesta en el libro de Apocalipsis:

“…Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos

hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre…” (Apocalipsis 1:5-6). ¡Dios

nos ha hecho sacerdotes a todos! Todo aquel que ha sido lavado en la sangre de

Jesús es un miembro de Su real sacerdocio.

 

El apóstol Pedro hace eco de estas palabras: “Vosotros también, como

piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para

ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

(1 Pedro 2:5). ¡Dios nos ha llamado a ser sacerdotes que le ministren a Él!

 

Verás, el concepto del Señor sobre la “iglesia” es muy diferente al

 nuestro. Pensamos que la iglesia es un ministerio hacia la gente, un lugar

donde se satisfacen todas las necesidades espirituales, físicas y emocionales

del pueblo de Dios. Por supuesto, todo eso es parte de lo que forma una

iglesia, pero la iglesia verdadera, de acuerdo a las Escrituras, comienza con

el ministerio hacia Jesucristo. El concepto de Dios sobre iglesia es cualquier

lugar en el que se ministra al Señor.

 

Por  David Wilkerson

El ve cada paso

ÉL VE CADA PASO

> Multitudes de cristianos se levantan cada mañana enfrentando problemas

> indescriptibles, dolores físicos, sufrimiento emocional, problemas

> económicos. Muchos están tan acosado por los problemas que se preocupan:

> “Todo esto es demasiado para mí, ya no tengo la fuerza para luchar contra

> estas cosas. ¿Cómo voy a lograrlo?”

> Nuestro ministerio recibe muchas cartas de santos que soportan circunstancias

> extremadamente difíciles todos los días. Una mujer de Dios escribió: “He

> estado casada por más de treinta y cinco años, y soy una abuela; pero ahora

> mi familia está siendo destruida por mi marido adúltero. Él fue lleno del

> Espíritu Santo y fue usado por el Señor, pero ahora es un mujeriego amargado,

> lleno de lujuria. Por favor, oren por mí. Él ha extraído todo el amor de mí,

> y soy tan infeliz. No creo que pueda soportar por más tiempo.”

> Nuestro Padre celestial ve cada paso de nuestra vida y a pesar de todas

> nuestras crisis y dificultades, nos manda una y otra vez en las Escrituras: “No

> temas” No debemos creer que nuestros problemas nos derribarán y destruirán,

> porque Él es nuestro escudo.

> “Bienaventurado tú, oh Israel. ¿Quién como tú, pueblo salvo por Jehová,

> escudo de tu socorro, y espada de tu triunfo? Así que tus enemigos serán

> humillados, y tú hollarás sobre sus alturas” (Deuteronomio 33:29). Dios nos

> está diciendo:”¡No es cierto que yo los haya abandonado! No estoy enojado con

> ustedes, no los he dejado a sus expensas en contra de sus enemigos. ¡Todas

> ésas son mentiras de Satanás!”

> No importa la crisis que enfrentamos, qué dificultades poderosas tenemos

> delante de nosotros, nuestra victoria está asegurada: “Antes, en todas estas

> cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos

> 8:37).

> ¿Significa esto que vamos a quedarnos sentados a esperar que Dios envíe un

> ángel para matar a todos nuestros enemigos? No, ¡nunca! Aunque Dios haya

> proclamado nuestra victoria, Él no va hará la parte que nos corresponde.

> Todavía debemos tomar una espada para luchar contra el enemigo. La diferencia

> está en que lo hacemos creyendo que Dios ha prometido darnos poder: “Mas

> gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor

> Jesucristo” (1 Corintios 15:57).

> ¡El Espíritu Santo responde a nuestra fe! Cuando invocamos su nombre, Él

> viene a nosotros con poder sobrenatural para hacer morir las obras de la carne.

> Nuestra parte es tener fe y caminar en la convicción de que el Espíritu de

> Dios resistirá el poder del mal que viene contra nosotros.

Por D. Wilkersonth5SRQQWA1

La necesidad

LA NECESIDAD

“¿No era necesario que el Cristo padeciera esta cosas, y que entrara en su gloria?” (Lucas 24:26).

Los discípulos de Emaús habían creído que Jesús “era él que había de redimir a Israel” (v. 21) hasta que fue crucificado, entonces ya no. Dejaron de creer en Él, porque no entendían la necesidad de que el Cristo muriese antes de que reinara. ¡Habían pensado que podía empezar su gobierno como el Rey de Israel inmediatamente, tal como estaban los creyentes, la política, la religión, la oposición, y la ocupación romana; que solo sería cuestión de asumir el poder y reinar, aplastando toda oposición e imponiendo su gobierno! Por cierto, habría sido un gobierno de justicia, pero con mucha violencia hasta que se estableciese, porque sus enemigos en Israel, que eran mayoría, habrían luchado en contra de Él, ¡para no decir nada del imperio romano!

Pero el mayor obstáculo no eran los enemigos, sino los que creían en él. Ya vimos como eran los mismos discípulos, discutiendo entre sí para ver quiénes iban a ocupar los lugares más importantes dentro de su reino. Seguían con sus ambiciones personales, sus deseos de dominar a otros y sus taras de carácter: Pedro prepotente, Juan y Jacobo explosivos, Tomás cínico, Felipe, obcecado. Jesús, sí, podría gobernar sobre ellos y ellos disfrutarían de su reinado, pero seguirían en su pecados, y morirían, y ¿qué? Nada estaría realmente solucionado. El problema del hombre no es su gobierno, sino su corazón. Un rey justo podría gobernar a hombres injustos imponiendo la justicia, pero esta no es ninguna solución definitiva. El hombre necesita un nuevo corazón para que la justicia proceda de dentro, necesita nacer de nuevo, necesita ser librado de su pecados, necesita un nuevo carácter, el poder para no pecar, la transformación interior que solo puede operar el Espíritu Santo en un corazón regenerado. Y, para que ocurriera todo esto, Jesús tenía que morir: “Era necesario que el Cristo padeciera”.

La cruz fue imprescindible. Sin la cruz no hay perdón de pecado, no es posible la regeneración, y no hay hombres nuevos. El diablo ofreció a Jesús los reinos de este mundo. Si los hubiese recibido de su mano, no habría tenido que pasar por la cruz. Entonces no salvaría a nadie de su pecados, solo conseguiría el dominio universal. Más fácil para Él, pero no lograría el propósito del Padre que era una nueva raza de hombres con Cristo como la cabeza, como el nuevo Adán. El viejo orden se había echado a perder, hacía falta una nueva creación, y esto es lo que Cristo vino a establecer.

Así que tuvo que ir a la cruz para conseguir un reino compuesto de nuevos hombres, hombres perdonados y librados de sus pecados (Mat. 1:21), nacidos de nuevo con una nueva herencia, con una nueva vida en el Espíritu Santo con poder para formar una nueva mentalidad, nuevos hábitos, un nuevo carácter y nuevas metas; hombres que tendrían la vida eterna, capaces de vivir para siempre en el reino de Dios.lanecesidad

Tuvo que morir para establecer un reino de hombres regenerados que vivirían para siempre, infinitamente mejor que el reinado que Satanás le ofrecía, más costoso para Él, pero eterno en su duración. Esto es lo que el Señor estaba explicando a los discípulos de Emaús, y este es el reino del cual tú y yo formamos parte, un reino eterno, gracias a la cruz.

Por D. Burt

Dios es fiel

 

En un mundo dirigido por alta tecnología, avanzada ciencia,

acostumbrados a la complacencia inmediata,

en vida social donde el compromiso está a expensas de una mejor oferta

donde el matrimonio es visto como un asunto de moda pasada

es bien visto la convivencia de parejas o compartir parejas

la fidelidad es una palabra cada vez menos usada en el vocablo

mucho más, en deshuso por una gran mayoría donde no se práctican lealtades

Es maravilloso saber que Dios ha sido, es y permanece por siempre fiel

a Él mismo, Su Palabra y sus Promesas

que su amor divino no se distorciona por concepto humano

por tanto no te prives, ni desperdicies la oportunidad

del Dios fiel que te ama por siempre

 

 

El pródigo y el hermano

EL PRÓDIGO Y SU HERMANO

 

Tanto el hijo pródigo, como su hermano eran igualmente pecaminosos. El más

joven no había entendido el propósito de la gracia, el cual es crecer hasta

la madurez de la santidad. Pero el hijo mayor nunca conoció el corazón de su

padre. Siempre trató de ganarse el amor de su padre por su obediencia y sus

actos. Él no podía aceptar que su padre siempre lo había amado

incondicionalmente, totalmente aparte de sus buenas obras. La verdad es que su

padre lo amaba simplemente porque había nacido de él.

 

“Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le

rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos

años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un

cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha

consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo”

(Lucas 15:28-30).

 

El hijo mayor estaba diciéndole a su padre: “Todos estos años, he trabajado

tan duramente para agradarte, pero tú nunca me has mostrado este tipo de amor.

Por lo menos yo nunca lo he sentido”. Esto resume la raíz del problema del

hijo que protestaba. Él pensaba que él había ganado, a través de buenas

obras, lo que su hermano menor había recibido a través de la gracia.

 

A todo legalista le cuesta dejar de lado la obra de la carne. ¿Por qué?

¡Porque nuestra carne quiere hacer cosas para Dios! Queremos ser capaces de

decir: “Me gané mi paz en el Señor. He ayunado, he orado, he hecho todo

 para obtener la victoria. He trabajado duro y ahora finalmente, lo he

logrado”.

 

Si somos honestos, veremos que nuestra carne siempre protesta contra la

dependencia en el Señor. No queremos depender de Su misericordia y de Su

gracia o reconocer que sólo Él nos puede dar el poder, la sabiduría y la

autoridad para vivir como vencedores.

 

Debemos tener cuidado de no hacer la protesta del hermano mayor. Es una

protesta de la soberbia humana y ¡es un hedor en la nariz de Dios!

 

Por  David Wilkerson

Herederos según la Promesa

HEREDEROS SEGÚN LA PROMESA

> “No tengas temor de ellas…” (Deuteronomio 7:18). Para Israel, “ellas”

> representaban las imponentes y bien armadas naciones impías que enfrentaron en

> la tierra prometida. Para nosotros hoy en día, “ellas” representan todo

> problema, tribulación y dificultad abrumadora que enfrentamos en la vida.

> ¿Por qué no debemos temer? ¡Porque Dios lo dice! No se necesita ninguna otra

> explicación. Dios es todo poderoso, todo suficiente y está consciente de las

> fortalezas satánicas que enfrentamos. Conoce cada trampa, prueba y tentación

> que serán lanzadas contra nosotros, y nos ordena: “¡No temerás a ninguna

> de ellas!”

> Abraham estaba viviendo en un país extranjero, rodeado de reyes poderosos, sin

> saber donde terminaría. Sin embargo, la primera palabra de Dios para él fue,

> “No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera

> grande.” (Génesis 15:1).

> El significado de esta última frase es, “Yo seré una pared alrededor tuyo,

> tu protector, tu defensa.” En esencia, Dios estaba diciéndole a Abraham,

> “Vas a enfrentar dificultades, pero te protegeré a través de todas

> ellas.” Abraham respondió creyendo la palabra de Dios para él: “Y creyó

> a Jehová, y le fue contado por justicia.” (Versículo 6)

> Esta misma palabra vino al hijo de Abraham, Isaac. Él también vivió en un

> ambiente hostil, rodeado por los filisteos que lo odiaban, lo acosaban y lo

> querían fuera de su tierra. La Escritura dice que cada vez que Isaac cavaba un

> pozo para suministro de agua, los filisteos lo tapaban: “los filisteos los

> habían cegado y llenado de tierra.” (Génesis 26:15)

> Adonde quiera que Isaac iba, tenía el mismo problema. Incluso llamó a un pozo

> “Esek,” que significa “rencilla” (Véase Génesis 26:20). Aparentemente,

> Isaac no sintió más que disputa en su vida. Debe haber pensado: “¿Cómo

> alimentaré a mi familia y daré agua para mi rebaño? ¿Y cómo puedo criar a

> mis hijos sin temor, cuando los filisteos pueden saquearnos en cualquier

> momento, sin problema? Dios, ¿Por qué me has establecido aquí? ¿CómoHerederos

> podré vencer?”

> Mientras esta nube de duda se formaba sobre Isaac, Dios le dio la misma palabra

> que le había dado a Abraham: “Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas,

> porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por

> amor de Abraham mi siervo.” (Versículo 24).

> Somos hijos de Abraham y Dios nos hace la misma promesa que hizo a Abraham y a

> su descendencia: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham

> sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).

Por D. Wilkerson

Complacer a Dios II

COMPLACER A DIOS (2)

“Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; he aquí los cielos le fueron abiertos, y vino al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielo, que decía; Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:16, 17).

Estuvimos diciendo que los verdaderos hijos de Dios tienen el deseo de corazón de complacer a su Padre celestial, no de la forma que a ellos les produce satisfacción, sino cómo Dios quiere ser complacido. ¡Yo no puede complacer a mi marido haciéndole una olla de sabrosos callos si no le gustan! Si vamos a complacer al marido, tiene que ser de la manera en que quiere ser complacido, y lo mismo es cierto de Dios. Para ello, tengo que conocer sus gustos. Lo que le gusta es cualquier actitud en mí que se parezca a la manera de ser de su Hijo.

Volvamos por un minuto a nuestro texto de base. En su bautismo descendió el Espíritu Santo sobre Él, y la voz del Padre desde el cielo dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”. Esto ocurrió en su bautismo, antes de empezar su ministerio público. O sea, antes de empezar a predicar, a sanar, a recurrir las ciudades y aldeas de Israel con las buenas nuevas del evangelio, Jesús complacía al Padre. ¡No había hecho nada extraordinario y le complacía! ¿Entendemos las implicaciones? Quiere decir que esta complacencia no dependía del ministerio público de Jesús. No la consiguió por su servicio. No había complacido a su Padre por obrar milagros, por ayudar a la gente, por su poderoso ministerio, sino por su persona, por su forma de ser, por su interior. Esto tiene muchas implicaciones para nosotros.complacenciaalPadre

¿Qué es lo que Jesús había estado haciendo? Pues, estaba en casa con sus padres trabajando como carpintero. Esto no es nada fuera de lo normal. Pero, ¿cómo estaba por dentro? La Palabra dice que el joven “Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres”. Esto agradaba al Padre. El versículo anterior dice que después de su visita al templo con doce años “descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos”, es decir, a sus padres (Lu. 2:51). “¡Oh, entendemos! Agradar a Dios es muy fácil. ¡Solo es cuestión de estar sujeto a los padres!” ¡Cuéntaselo a un joven! ¡Solo es cuestión de sujetarse al pastor, o al marido, o al jefe en el trabajo! ¡Chupado! ¿O no? No. Es lo más difícil que hay. No estás nada de acuerdo, no lo entiendes, no es justo, no te gusta, pero te sometes por amor al Señor. Esto es lo que a Dios le agrada. Es un acto libre de tu voluntad, así que no es imposición y no te anula; al contrario, te fortalece. Y lo haces porque quieres complacer al Señor, ¡y lo logras! Porque esto es lo que hacía su Hijo, y le agradaba.

¿Qué más hacía Jesús antes de su bautismo? Cumplía con su deber. Era responsable. Era trabajador. Estas cosas agradan al Padre. Y, es más, aprendía las Escrituras, meditaba en ellas, hacía preguntas para entenderlas, buscaba la voluntad de su Padre para su vida en ellas, y amoldaba su pensamiento y su vida a su enseñanza. Cuando Jesús se presentó para ser bautizado, era hermoso por dentro, y esto es lo que complacía al Padre. Si tú quieres complacerle, practica estas cosas y verá a su Hijo en ti, ¡y puedes estar seguro de que estará complacido!

Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un teleférico de San Francisco puede contener 60 personas. Este blog fue visto por 1.000 veces en 2014. Si el blog fue un teleférico, se necesitarían alrededor de 17 viajes para llevar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

Nadie te ama como yo

 

El más elevado, preciado y hermoso sentimiento, el amor

hay quien tiene una búsqueda incesante de un amor real, honesto, fiel

otros ya lo han encontrado, lo cuidan para conservarlo

el amor más puro e inigualable para experimentar y tener

el amor de Dios demostrado mediante su Hijo amado Jesucristo

recibirlo a Él nos asegura la comunión con Dios Padre

un amor que nació en la eternidad hacia la eternidad

Nadie te ama como Él

 

El gozoso sonido de la libertad

EL GOZOSO SONIDO DE LA LIBERTAD

 

Cuando el año de Jubileo vino, cada deuda fue borrada. Todo leasing de

arrendamiento y posesiones volvieron de nuevo al propietario original, lo que

significa que el agricultor tendría su tierra y su familia de nuevo. Lea

acerca de esto en Levítico 25.

 

Se puede imaginar la alegría que tuvo lugar en Israel y Judá cuando sonaron las trompetas. En ese momento, en el décimo día del séptimo mes, mientras

que el sumo sacerdote hacía expiación, cada siervo que había sido vendido

como esclavo fue liberado. Y a cada persona que había perdido su propiedad le

fue devuelto todo. Las familias se reunieron. Las casas fueron restauradas

¡Fue un tiempo de libertad, rescate y liberación!

 

Me imagino a los agricultores indigentes parados a lo largo de las líneas de

demarcación de su antigua propiedad, a la espera de pasar por encima tan

pronto como sonaran las trompetas. Ellos habían estado esperando diez años. .

después cinco años. . . luego uno. . . y ahora contaba los minutos para

escuchar ese sonido alegre. Ellos debían estar pensado: “Voy a tener de vuelta

todo lo que perdí. ¡Es mío otra vez, porque este es el año del Jubileo!”

 

No iba a haber ninguna siembra o cosecha durante el año del Jubileo. En

cambio, el tiempo iba a ser dedicado al regocijo. Jubileo era un año entero de

Navidad todos los días para alabar a Dios por su gracia, su provisión y la

libertad.

 

Por favor, comprenda, la libertad proclamada en el Jubileo no fue una idea

nebulosa fundada en la fe. Era la ley de la tierra, todo lo que un deudor

tenía que hacer para que la ley se cumpliera era pararse sobre ella. Los

levitas actuaron como monitores o alguaciles para que todo el mundo tuviera

asegurada la justicia.

 

De vez en cuando, un amo pudo decirle a su siervo, “¡No te irás, tú sigues

siendo mi sirviente, vuelve al trabajo!”. Pero aquel siervo podía reírse en

la cara del amo y decir: “Los dos sabemos lo que significa el sonido de la

trompeta. Es el sonido alegre de mi libertad. Usted no tiene derechos legales

sobre mí. ¡Soy libre!”

 

Cuanto debió la gente esperar y desear oír ese sonido alegre. Significaba

tener la libertad de decir: “Nada de mi pasado se levanta contra mí. He sido

liberado y nadie puede robarme mi herencia.” Sin embargo, la person esclavitud tenía que actuar con el fin de tomar posesión de su libertad o de

su propiedad perdida. Podía bailar y vociferar en la sinagoga todo lo que

quisiera, gritando: “¡Soy libre, Todo me ha sido restaurado!” Pero hasta que

saliera y reclamara sus derechos, no podía disfrutar de nada de eso. ¿Ve

usted lo importante aquí? La mayoría de los cristianos no han cobrado el

Jubileo que Jesucristo les ha dado. Muchos piensan que el “sonido alegre” hoy

no es más que palmas o bailar en un momento emotivo de la alabanza. Pero es

mucho más. Dios nos llama a apropiarnos de la libertad, la paz y la gloria que

Él nos ha dado a través del perdón de los pecados. ¡Tenemos que salir y

reclamarlo!

 

Por David Wilkerson

Esperar en el Señor

ESPERAR EN EL SEÑOR

 

El diablo tiene una estrategia para engañar a los creyentes y hacerlos dudar

de la fidelidad de Dios en responder a la oración. Satanás quiere hacernos

creer que Dios ha cerrado Sus oídos a nuestro clamor y ha dejado que

resolvamos las cosas por nosotros mismos.


Creo que la mayor tragedia en la iglesia de Jesucristo hoy en día es que muy

pocos creen en el poder y la eficacia de la oración. Sin intención de

blasfemar, multitudes en el pueblo de Dios se pueden oír reclamando: “Oro,

peresperandoenDioso no obtengo respuesta. He orado por tanto tiempo, arduamente, sin ningún

resultado. Solo quiero ver una pequeña evidencia de que las cosas están

cambiando. Pero las cosas siguen como siempre, no sucede nada. ¿Cuánto tiempo

debo esperar?” Ya no visitan el aposento secreto, porque están convencidos de

que sus peticiones, nacidas en la oración, no llegan al trono. Otros están

convencidos de que sólo personas del tipo Daniel, David y Elías consiguen que

sus oraciones lleguen a Dios.

Con toda honestidad, muchos santos de Dios batallan con estos pensamientos:

“Si el oído de Dios está abierto a mi oración y oro diligentemente, ¿Por

qué hay tan poca evidencia de que Él está respondiendo?” ¿Hay alguna

oración que has estado orando durante mucho tiempo, y que aún no ha sido

contestada? ¿Han pasado incluso años y todavía aguardas con esperanza, sin

embargo, con interrogantes?

Tengamos cuidado de no acusar a Dios, como lo hizo Job, de ser perezoso y

despreocupado de nuestras necesidades y peticiones. Job se quejó: “Clamo a

ti, y no me oyes; me presento, y no me atiendes.” (Job 30:20).

La visión de la fidelidad de Dios estaba nublada por sus dificultades. Él

terminó acusando a Dios de olvidarlo y Dios le reprendió duramente por ello.

Es hora de que los cristianos le demos una mirada honesta a las razones por las

que nuestras oraciones son abortadas. Podemos ser culpables de acusar a Dios de

negligencia, cuando todo el tiempo nuestra propia conducta es responsable.

“Espera en Jehová, y guarda su camino, y él te exaltará para heredar la

tierra” (Salmo 37:34)

 

Por David Wilkerson

Complacer a Dios

COMPLACER A DIOS

“Vuestro atavío no sea el exterior… sino del corazón, es decir, la persona interior, con el adorno imperecedero de un espíritu afable y apacible, el cual es muy precioso delante de Dios” (1 Ped. 3:3, 4).

Dios tiene sus gustos. Hay cosas que le gustan y otras cosas que no le gustan para nada. Hay actitudes en nosotros que le producen un contentamiento profundo y otras que hacen lo contrario. En cuanto a nuestro servicio a Dios, no se trata de servirle en lo que nosotros queremos hacer para Él, sino en lo que Él quiere que hagamos, en lo que le gusta a Él. Si voy a servir a Dios en la calle evangelizando cuando Él quiere que esté en casa atendiendo a mi hijo, mi servicio no le va a complacer.

A Dios le encantan los valores de la obediencia, la sumisión, la humildad, la abnegación, y el expenderse por amor a otros. Estuvo complacido y profundamente conmovido con la obediencia de Abraham cuando ésta le llevó al punto de ofrecerle su hijo. Le dijo: “Por mi mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré” (Gen. 22:16, 17).

Le complació la obediencia de su Hijo cuando con doce años dejó el templo y acompañó a sus padres a casa en sumisión a ellos. Parece que es más importante servir a Dios en el templo que un simple acto de obediencia a los padres, pero Dios no valora las cosas así. Jesús podría haber pensado: “Dios es más importante que mis padres, así que me quedo en Jerusalén en el templo y luego vuelvo a casa”, pero no puedes servir a Dios desobedeciéndole. Él ha pedido que los niños obedezcan a sus padres. Cuando Jesús abandonó el tempo para sujetarse a la voluntad de sus padres estaba complaciendo a Dios. O tomemos el ejemplo de Jesús lavando los pies de los discípulos. Esta humildadcomplacenciacomoJesus agrada al Padre. Dos veces el Padre habla de su contentamiento con su Hijo, y era por estas mismas actitudes que el Hijo mostraba en su servicio: humildad, sumisión, y obediencia. Del Hijo dijo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17 y 17:5). Para Dios estos valores son los más hermosos, pero resulta ser que nuestra sociedad los desprecia. No alimentan nuestro ego, pero sí reflejan la hermosura de Jesús.

Para nuestra mentalidad, servir a Dios es hacer grandes cosas para Él, pero lo que realmente le complace es la actitud interna de sumisión, obediencia, humildad y entrega a otros. Puede servirle más aquel que acepta en humilde sumisión su voluntad en una grave enfermedad que él que predica desde un púlpito. La mujer que se somete a su marido está llegando al corazón de Dios más que cuando hace otras cosas muy visibles. “Un espíritu afable y apacible es de grande estima delante de Dios”. Es más fácil servir a Dios testificando en la calle que cultivando este espíritu. Si sirvo a Dios sin esta actitud afable y apacible, difícilmente le voy a agradar. Puede ser que me agrade a mí, que me llene y me haga sentir feliz y útil, pero no es lo que Dios más valora.

Otra vez estamos con cuestiones de carácter. Dios tiene sus ojos puestos en nuestro interior. Y si realmente queremos servir al Señor, tenemos que presentarle un espíritu dócil, agradable, pacífico, tierno y sereno, porque esto es lo que le complace de verdad.

 

Por D. Burt

El me levantará

Si estás pasando por momentos que sientes no poder continuar

por momentos tristes, de soledad, incompresión o perdida

sin sentido, sin metas, sin fuerzas

recuerda que el Señor es todo para tí

Es Todopoderoso

El te levantará

todas las veces necesarias

para que su nombre sea Glorificado

según Su Palabra

atiende al menesteroso, necesitado y arrepentido

 

 

 

 

Tener amor

TENER AMOR

 

“Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante

de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente… el cual no hizo pecado, ni

se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con

maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que

juzga justamente” (1 Pedro 2:19-23). 

 

Pedro describió la forma en que Jesús manejaba cada situación en la vida.

Cuando la gente lo hería y lo maldecía, Él no contraatacaba ni los

amenazaba. Cuando ellos querían discutir con Él, Él no se involucraba, al

contrario, simplemente se alejaba.

 

“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por

nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (versículo 21).

Pedro lo deja claro: Jesús es nuestro ejemplo de conducta.

 

El apóstol Pablo añade: “Si no tengo amor – es decir, el amor de Cristo-

nada soy”. De acuerdo con 1 Corintios 13, el amor significa mostrar bondad a

todos sin excepciones, no tener celos de ninguna forma, no jactarse o

promoverse uno mismo, buscar el beneficio de los demás por encima del tuyo

propio, no irritarse fácilmente, no pensar mal de nadie, no regocijarse cuando

alguien cae, aunque sea un enemigo.

 

Tanto Pedro como Pablo dejan bien claro en estos pasajes: “Nuestro mandamiento

es que no debe existir revancha, ni venganza, ni amenazas entre ustedes. Al

contrario, entreguen todas sus inquietudes, temores y amarguras a Cristo”. 

 

Nuestros corazones pueden responder: “Señor, eso es lo que quiero”. Puede

que obtengamos algunas victorias a nuestro haber y nos empecemos a sentir

 

confiados. Entonces, de la nada, alguien dice o hace algo que clava una fea,

 

inesperada y ácida flecha dentro de nosotros, y se nos viene una rápida

avalancha de pensamientos de enojo. Antes de darnos cuenta, estamos lanzando de

vuelta flechas venenosas al que nos molestó.

 

Nos damos cuenta de que fallamos, a pesar de que nos esforzamos mucho, orando,

buscando a Dios, aferrándonos a la verdad, y disfrutamos también de muchas

victorias. Pero cuando el enemigo vino como río, fracasamos completamente en

nuestro intento de ser como Jesús.

 

“Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante” (Hebreos 12:1).

Simplemente debes tener paciencia contigo mismo y con tu crecimiento. Después

de todo, la carrera continúa hasta que Jesús regrese. Sí, te tropezarás,

trastabillarás y quedarás sin aliento, pero si fallas, te levantarás y

continuarás. 

Por David Wilkerson

De Gloria en Gloria

DE GLORIA EN GLORIA

Pablo habla de un ministerio al que cada cristiano es llamado, uno que no

requiere dones o talentos especiales, sino que debe ser asumido por todos los

que han nacido de nuevo, tanto ministros reconocidos como laicos. De hecho,

este ministerio es el primer llamamiento de cada creyente y todos los otros

emprendimientos deben nacer de él.DeGloriaenGloria

Ningún ministerio puede ser agradable a Dios a menos que nazca de este

llamado. Estoy hablando del ministerio de contemplar el rostro de Cristo. Pablo

dice: “Pero nosotros todos, con rostro descubierto, contemplando como en un

espejo la gloria del Señor…” (2 Corintios 3:18 BTX).

¿Qué significa contemplar la gloria del Señor? Pablo está hablando aquí de

adoración centrada y dedicada, el tiempo que se le da a Dios simplemente para

contemplarle. Y el apóstol añade rápidamente: “Por lo cual, teniendo

nosotros este ministerio” (4:1). Pablo deja en claro que contemplar el rostro

de Cristo es un ministerio al que todos debemos ser devotos.

La palabra griega para contemplando en el versículo anterior es una expresión

muy fuerte. Indica no sólo echar un vistazo, sino “fijar la mirada.”

Significa decidir: “No me moveré de esta posición. Antes de hacer cualquier

cosa, antes de intentar lograr una simple meta, tengo que estar en la presencia

de Dios.”

Muchos cristianos interpretan mal la frase “contemplando como en un

espejo.” Piensan en un espejo, con la cara de Jesús reflejándose a ellos.

Pero eso no es lo que quiere decir Pablo aquí. Él está hablando de una

mirada enfocada intensamente, como escudriñando algo con empeño a través de

un vidrio, tratando de verlo más claramente. Tenemos que “fijar nuestros

ojos” de esta manera, determinados a ver la gloria de Dios en la faz de

Cristo. Tenemos que encerrarnos en el lugar santísimo con una sola obsesión:

mirar tan intensamente y tener comunión con tal devoción, que seamos

transformados.

Pablo dice que la persona que se encierra con Cristo, contemplándole, está

siendo transfigurada. ¿Qué ocurre cuando un creyente contempla el rostro de

Cristo? Pablo escribe: “…somos transformados de gloria en gloria en la

misma imagen, como por el Espíritu del Señor.”(2 Corintios 3:18).

EL LLAMADO DE CRISTO A LA IGLESIA DE LAODICEA

Por: David Wilkerson

Un verdadero siervo de Dios

UN VERDADERO SIERVO DE DIOS

Cuando el profeta Isaías anunció la venida de Cristo y Su reino, trazó cómo

serían los verdaderos ministros de Cristo. Al hacerlo, definió nuestro

ministerio en estos postreros días, al decir, en esencia: “Quiero que

conozcas las señales del verdadero pueblo de Dios, aquéllos que estarán

ministrando ¡justo antes de que el Príncipe de Paz regrese a reinar!”

Isaías comienza con estas palabras: “He aquí que para justicia reinará un

rey” (Isaías 32:1). Luego, el profeta añade: “Y será aquel varón como

escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos

de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra

calurosa” (versículo 2).

Para mí, es claro que Isaías está refiriéndose a Cristo. Y continúa

diciéndonos que un verdadero siervo de Dios va a predicar la suficiencia de

Cristo. De hecho, este creyente se encierra con Jesús, confiando en que su

Señor hará de su alma, un jardín bien regado. Él vive con gran confianza,

su espíritu reposa y está lleno de paz.

Este verdadero siervo de Dios no tiene una tempestad efervescente en su alma a

causa del pecado. Por el contrario. Él confía plenamente en el Espíritu

Santo para hacer morir sus pecados y hacer su espíritu libre como un ave. Él

no tiene temores ni preocupaciones, porque todo está claro entre él y su

Señor. Hay un cántico en su corazón, ¡porque Cristo es su deleite!

Más allá, este siervo sabe que nadie puede herirlo porque está asido de la

seguridad y comodidad de la promesa de que Dios defiende a los justos. Ningún

arma forjada contra él puede prosperar porque Dios mismo se levanta contra

toda lengua que viene contra él. Dios es su defensa una tierra de abatimiento.

Isaías destaca dos características que distinguen al siervo justo. Primero,

tiene discernimiento y, segundo, conoce claramente la voz de Dios: “No se

ofuscarán entonces los ojos de los que ven, y los oídos de los oyentes oirán

atentos” (Isaías 32:3).

Vemos un ejemplo en el primer encuentro que tuvo Jesús con Natanael. Cuando

Él vio a Natanael venir a Él, clamó: “He aquí un verdadero israelita, en

quien no hay engaño” (Juan 1:47). En otras palabras, “¡Miren, hermanos!

Acá viene un hombre que no es hipócrita. No hay engaño en él, no hay

inmoralidad. ¡Él es una vasija limpia!”.

Por  David Wilkerson

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